Elara Montesinos La luz de la luna apenas se filtraba en la suite de Lía pero era suficiente para iluminar la expresión de mi hermana, ahora serena en el sueño, víctima inconsciente de nuestro pacto. Me levanté del borde de la cama, mi cuerpo exhausto, pero mi mente, un torbellino de culpa y rabia había pasado una hora repitiendo la dulce y falsa promesa de "amor incondicional" que Alexander acababa de escenificar recordaba el grito ahogado de Lía, la sensación de traición en sus ojos cuando le anuncié la boda relámpago tuve que mentirle, jurarle que yo lo amaba y que él nos amaba, solo para tranquilizarla y si supiera que mi amor por él no es una mentira, sino la única verdad en este caos, me mataría. Lo arruinaría todo. No me atrevo a que sepa que yo te amo, Alexander porque él

