capitulo 6

1174 Palabras
Y entonces no pude evitar pensar en cómo se sentían los labios de Vlad, su cuerpo junto al mío y así arruine el momento, me separé de Raúl lentamente y me senté a un lado, la mirada de todos estaba sobre nosotros, pero solo me importó una, la de Vlad, su mandíbula estaba tensa y lucía bastante molesto. Tomé el último trago de golpe y me levanté. — Ya regreso, voy al baño. — Dije de prisa. — ¿Quieres que te acompañe?, has bebido mucho. — Estoy bien, no tardó, no deberías dejar solo a Vlad, ¿ verdad hermano?— dije levantando una ceja sin disimular mi molestia por su presencia. Entre al baño y cerré la puerta con candado, moje mis manos y las pase por mi rostro y cuello, sentía la vista nublada y todo comenzaba a dar vueltas, acomode mi cabello y seque la humedad en mi cuerpo antes de salir. — ¿Estás bien?— pregunto Kenia un poco preocupada. — Si, solo tenía que refrescarme, ¿ya pidieron algo?. — Si, te pedimos una piña cola. — Gracias, sabes lo que me gusta ¿que les parece si vamos a bailar? — propuse, tenía que mantenerme alejada de la mesa, alejada de mi hermanastro. Todos aceptaron inmediatamente, hasta Raúl, pero no Vlad, el se negó rotundamente. — Vamos a divertirnos un rato, todos nos esperan en la pista, solo por hoy ¿puedes olvidar que no soy de tu agrado?.— Pedí con un puchero. Tomo mi mano y lo guíe hasta la pista de baile, la sensación de su piel tocando la mía, tan poco común y placentera, su rostro se suavizó y dejó escapar una pequeña sonrisa, unos oyuelos se formaron en sus mejillas, jamás lo había visto sonreír y no debería haberlo hecho, su sonrisa linda y sexy hizo temblar mi cuerpo, solté su mano y comencé a bailar, todos parecían ajenos al mundo, disfrutando solo de la música. En medio del baile, Karol y Aarón se despidieron, pasaba de la media noche, seria difícil encontrar un taxi más tarde. — También debería de irme— dijo Kenia haciendo pucheros. — Kenia, no me dejes, solo un rato más, podemos llevarte a Raúl no le molestará. — Dije en un intento por convencerla. — Te irás conmigo,— bufo Vlad al escucharme. — ¿Acaso vinimos juntos? vine con Raúl y me iré con el. — Eres muy tonta como para pensar que voy a permitirlo.— Dijo en tono dominante. — Está bien Emily, ve a casa con tu hermano, yo llevaré a Kenia ¿escuché bien o el alcohol me hace alucinar? Raúl esta de acuerdo con Vlad. — Ok, nos vemos el lunes— Accedí molesta, abrace a Kenia y me despedi de Raúl con un beso en los labios. Camine hasta la mesa y tome lo que quedaba de mi piña colada. Vlad se sentó frente a mi, en el lugar que había ocupado desde que decidió acompañarnos, me miraba fijamente con la seriedad que lo caracteriza. Alce la mano para pedir otra bebida. — Supongo que si me iré contigo a casa puedo quedarme un rato más. — Ya bebiste suficiente, es hora de irnos. — Ordenó mientras se ponía de pie. — ¿Sabes que realmente no eres mi hermano? no tienes que cuidarme. — Ahora somos familia. — Supongo, baila conmigo, solo un momento y nos vamos. — Insistí. Comencé a bailar lentamente junto a la mesa, en un intento por convencerlo. — Eres hermosa, no deberías beber tanto. — Expresión con seriedad en el rostro. — No lo suficiente como para que bailes conmigo. Termine mi bebida y tome su mano pero no se movió de lugar, halo mi mano y choque contra su cuerpo rígido, levanté la vista para poder mirarlo a los ojos y entonces mi grado de estupidez subió a un nivel nunca antes alcanzado, coloque mis brazos al rededor de su cuello y lo bese, justo cuando pensé que me alejaría, me presionó contra su cuerpo, sus manos me sujetaban con fuerza, mi cuerpo reaccionó de inmediato, podía sentir como mi entre pierna se mojaba cada vez más, me movía contra su cuerpo buscando sentir un poco más de su erección. Salimos del lugar tomados de la mano, llegamos a su auto pero no quise subir sin antes besarlo nuevamente, no sabía si de camino a casa se arrepentiría de lo sucedido, si lo pensaría bien y decidía que no quería nada conmigo. Me recargue sobre la puerta del auto y dejé que el se acercara a mi. — ¿Estás segura de esto? — Pregunto con la voz ronca y cargada de sensualidad. — Si, mucho. — Trague con dificultad y me mordí el labio. Abrió la puerta del auto pero no para que yo entrara, se sentó y me colocó sobre sus piernas, hasta quedar frente a el, mi vestido se levantó por la posición dejando expuesta mi ropa interior mojada, sus manos recorrieron mis piernas hasta mi trasero. Nuestras respiraciones agitadas se mezclaron en el interior de su auto, continuó subiendo sus manos llevándose con ellas mi vestido, estaba usando solo mis panties, mis pechos quedaron justo frente a el, sus yemas tocaron mis pezones y sentí el placer recorrer mi cuerpo, sus labios besaron los mios para después bajar cada vez más, su lengua húmeda recorrió mi cuello hasta mis pechos y un gemido escapó de mi boca, me moví rozando su pene erecto contra mi v****a, podía sentir el orgasmo formándose dentro de mi. — Eres perfecta para mí. — Susurro sobre mi piel. Su mano bajo hasta mi ropa interior haciéndola aún lado, chupo uno de sus dedos y lo llevo hasta mi v****a, lo introdujo lentamente. Los gemidos salían de mi boca cada vez más fuerte , estaba a punto de terminar pero no quería hacerlo, quería su pene dentro de mi, quería verlo disfrutar conmigo. Baje mis manos hasta su cinturón y comencé y desabrocharlo, pero me detuvo. — No quiero arrepentirme de nada, no hemos hecho nada malo aún. — No te arrepentirás, solo déjame hacerlo. — No Emily, -su postura se volvió rígida, definitivamente me estaba rechazando, por algún motivo podía tocarme pero no quería tener sexo conmigo y eso no lo podía entender. Me levanté de sus piernas y torpemente intenté ponerme el vestido, uno de los tirantes se rompió con el esfuerzo, salí del auto, mi mejillas estaban rojas y mi piel me quemaba. — ¿Podemos irnos? — Pedí molesta. Salió del auto permitiendo que yo entrara y cerró la puerta con suavidad. Las luces iluminaban el camino a casa, y no pude controlar las lágrimas, Vlad me hacía sentir mis emociones al límite y sentir su rechazo me dolía y dolía mucho. Estiro su mano hasta el asiento trasero y me entrego su saco, lo acomodo sobre mi cuerpo para calmar el frío. Probablemente él si me miraba como una hermana, como la hermana pequeña que tenía que cuidar.
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