CAPÍTULO VEINTIUNO Emily fue golpeada por un torrente de emociones; el shock, el miedo y la incredulidad se arremolinaron dentro de ella. Pero el sentimiento que más la abrumó fue la necesidad de proteger a Chantelle, de mantenerla a salvo del daño emocional que la repentina aparición de Sheila podría causarle. Emily tardó dos segundos en medir a Sheila y darse cuenta de que estaba tan alta como una cometa. La mujer vaciló en la puerta, sus ojos vidriosos y desenfocados. Estaba pálida, más delgada que la última vez que Emily la había visto, su clavícula sobresaliendo bruscamente bajo su mugrienta camiseta blanca. Emily no necesitaba preguntarle a Sheila qué estaba haciendo aquí porque la respuesta era obvia. Quería ver a Chantelle. Quería entrometerse en su vida feliz y reclamar a la ni

