Fui al estadio sin mucha formalidad. Me había comprado una correa bonita en el Jirón de la Unión y me puse una gorra Jorge Chávez. Lustre mis zapatos y me fui caminando al estadio, por Campo de Marte, hasta Santa Beatriz, bordeando los parques. Había poca gente y pasó una carreta de prisa, hacia La Victoria. Casi me arrolla. Si no brinco, ahora no la estaría contando. Tulio, un compañero de trabajo, estaba en la puerta cuatro del estadio. -Hola, Miguel, ¿qué haces por aquí tan elegante? ¿tienes chamba?-, me preguntó sorprendido viéndome bien arreglado y afeitado. Mi pelo estaba llenecito de brillantina. -Nada, he venido a ver las competencias de atletismo-, dije divertido y sonriente. Me hizo pasar sin problemas. Escuché en los parlantes que ya se iba a disputar la final de los cien con

