Reparé en un detalle que se me había pasado en las pesquisas que estaba siguiendo, con mucho afán y terquedad, para saber sobre mi vida anterior en que, supuestamente, era un hombre muy mujeriego, al que le encantaba seducir chicas y que ya había conquistado a un verdadero harem con su encanto varonil. En realidad fue la loca Daniela la que se dio cuenta. Muy chismosa ella, siempre fijándose en detalles, me llamó para saber qué había averiguado sobre el tal Miguel y sus correrías por las calles de la Lima antigua y le dije que estaba decepcionada, porque no podía sacar nada en claro, tan solo lo que ya sabíamos, que el susodicho Miguel tuvo en su época de esplendor y romance, enamorando mujeres, en por lo menos una década, en el siglo pasado, y que me sería imposible tratar de ubicarlo sin

