No es que yo sea un gran mujeriego, un empedernido y descarado don Juan, como seguramente piensan ustedes, sino que el problema es que tengo mucha debilidad por las mujeres. Eso se llama, simplemente y en resumidas cuentas, una gran afición por las faldas. Hasta los veinte y tantos años, había tenido una sola novia, Enriqueta, pero la relación fracasó porque ella era demasiado hija de papá y mamá, y no me gustan las chicas engreídas, inseguras e inmaduras. Luego estuve saliendo con Luisa y después con Marcia pero con ninguna de ellas llegamos a mayores avances y finalmente terminé rompiendo o terminando con ambas. Entonces entré en un gran paréntesis en mi vida sentimental hasta que conocí a Nancy y luego a Carolina y mi suerte cambió de repente hasta volverme un irresistible conquistador,

