Capítulo 1.
Era un día aburrido en la agencia. Mamá me había dejado sola por un momento en la oficina mientras estaba en una reunión con los agentes.
Sí. Agentes. No son agente de viajes, ni de bienes raíces. Ni nada de eso. Son agentes secretos. Bueno, ni tan secretos. Espías suena mejor.
Mis padres, Sonny y Bryan Taylor, son directores del Programa de Protección Internacional, una agencia gubernamental encargada de la protección de la seguridad del país y del mundo entero. Mis padres son los encargados de que todo funcione. Me parece algo irónico porque mamá es algo hiperactiva y papá se vuelve loco si está mucho tiempo encerrado. Así que mientras estoy en mis vacaciones de verano, vengo a echarles una mano con el papeleo.
Aunque en este momento quisiera que papá me dé una clase de lucha. Estoy muy aburrida.
Me levanté de la silla giratoria y me paré delante de la gran pared de vidrio que iba del techo al piso y que daba una hermosa vista de la gigante y urbana ciudad de Nueva York. Comencé a estirar cada parte de mi cuerpo. Había pasado parte de la mañana organizando unos documentos que mamá debía utilizar en la reunión de esta tarde. Me dirigí al pequeño e improvisado cafetín de la oficina y procedí a hacerme un café con un par de galletas. Estaba muy hambrienta.
-Buenas. ¿Hay alguien? -Detuve mi labor y giré mi vista hacia la puerta. Un chico se encontraba de pie con una maleta de viaje y parecía algo desorientado.
-Hola -me acerqué poco a poco a donde estaba él. El chico me miró y entrecerró sus ojos que eran de un extraño color gris.
-Tu no eres la directora, ¿cierto? -Preguntó, con confusión. Yo negué con la cabeza. El chico parecía mas o menos de mi edad. Quizás más. Me preguntaba qué podría estar haciendo aquí y por lo visto, estaba buscando a mi madre.
-Soy su hija -le estreché la mano-. Soy Bonny Taylor. Quizás puedas decirme quién eres y yo puedo dejarle saber a la directora qué es lo que necesitas -el chico tomó mi mano y la sacudió lentamente. Sonrió de medio lado. No pude evitar pensar que tenía un perfecto y guapo rostro de playboy. Iugh.
-Kevin Junior Rodríguez -dijo el chico, sonriendo-. La verdad es que, tenía pensado que pudiera esperar la directora aquí. Tenemos unos asuntos muy importantes -lo miré y fruncí el ceño.
-¿Qué asuntos? -Pregunté, curiosa. El rió y se sentó en el sofá de cuero de n***o que adornaba la oficina.
-Asuntos -respondió, luego de que se sentó cómodamente-. ¿Así tratan a las visitas? En donde me encontraba antes, recibían a las personas con café y galletas.
Puse los ojos en blanco. ¿Qué se cree este?
Para no ser descortés, volví al cafetín y terminé de preparar el café y tomé unas galletas. Regresé y coloqué todo en la mesa frente al chico. Tomó la taza de café y bebió un poco. Luego hizo una cara de asco.
-¿Acaso quieres envenenarme? -Escupió. Dejó la taza de café en la mesita de nuevo y procedió a comerse todas las galletas.
Lo fulminé con la mirada. Esperaba que se atragantara con las galletas.
-Un gracias bastaba -le dije, y luego murmuré-, idiota.
-Te escuché -murmuró, mientras dejaba el plato vacío encima de la mesita. Comenzó a alborotarse el rebelde cabello n***o-. ¿Y qué haces aquí? ¿Eres la secretaria?
Tenía ganas de matarlo.
-No tengo porque decírtelo, desconocido -escupí. Realmente no sé porque mi madre se estaba tardando tanto. El chico ladeó la cabeza.
-No tienes mucha pinta de ser una agente.
Quería decir lo mismo del. Tenía una cara de niño playboy que no combinaba con sus jeans, botas militares, camiseta y chaqueta de cuero, todas estas prendas de color n***o. Además, la ropa se le cernía al cuerpo y se notaban a simple vista sus músculos bien definidos. Del cuello para abajo, se notaba que era un agente.
-No soy una agente -le respondí, luego de mis segundos estudiándolo. Me percaté de que tenía ambas orejas perforadas.
-Entonces -cruzó los brazos encima de su pecho-, ¿qué haces aquí? ¿Tu mami te dejó encerrada para que no hicieras travesuras?
Es un maldito desgraciado.
No soy el tipo de persona que se rebaja a los insultos, pero quería decirle que se fuera al demonio. Odiaba a las personas altaneras. Me levanté y me dirigí al escritorio, para tomar mi teléfono. Iba a escribirle a mamá para que viniera a atender a este intento de persona.
Pero justo en ese momento, la puerta de la oficina se abrió. Mis padres entraron, conversando. Suspiré. Ya no tenía ganas de matar a este...ahg.
Lo que me sorprendió fue que el chico se levantó y mamá lo abrazó. Mamá era relativamente muy pequeña y el chico era ridículamente alto, así que mi estimado amigo se inclinó para que mamá pudiera darle un abrazo y para que le alborotara el cabello. Le estrechó la mano a papá y ambos se dieron un corto abrazo.
-Siento lo de tu padre, Kevin -murmuró mamá-. Fue un gran hombre -sonrió-. Me alegro de que hayas aceptado nuestra propuesta.
-Bueno -el chico se encogió de hombros-. Mi padre les tuvo mucho aprecio -miró a mi madre-. Siempre hablaba de usted, señora Taylor.
-Por favor, llámame por ni nombre -mamá sonrió-. Enserio, me alegro de que hayas aceptado. Puedes contarme como es el PPI de Rusia.
Todos procedieron a sentarse y a hablar animadamente. Yo me sentí de más y salí de la oficina. Quizás me encuentre a Rocío por el camino.
**
Rocío se atragantó con su café cuando le conté lo del chico arrogante.
-¿Cómo dijiste que se llamaba? -Puse los ojos en blanco.
-De todo lo que te dije, ¿eso fue lo único que te quedó? -Mi amiga pelirroja suspiró.
-Dijiste que se llamaba Kevin Rodríguez, ¿no? -Yo asentí-. Es uno de los mejores agentes de todos los PPI. Y apenas tiene 22 años. Es como un Dios.
Pff. Dios mis ovarios.
-Eso no le quita lo altanero -escupí, dándole un mordisco a mi barra de chocolate.
-Tendrás que vivir con eso, cariño -canturreó, mientras le daba otro sorbo a su café.
-No tengo por qué vivir con eso -fruncí el ceño.
-Claro que sí. Tendrás que vivir con él por un tiempo, de todas maneras.
Ya va.
Paren el mundo.
¿Vivir con quién?
Mi garganta se secó. -Muy graciosa, Rocío. ¿En qué parte tengo que reírme?
-En la parte en donde vivirás con él -mi amiga sonrió-. ¿Acaso no sabías?
-No -dije entre dientes-. ¿Cómo lo sabes tú?
-Se escuchan rumores de que tus padres lo van adoptar -se encogió de hombros-. No sé cuánto de eso es cierto.
Me levanté de la mesa y salí de la cafetería hecha una fiera con dirección al ascensor. Cuando las puertas se abrieron, me conseguí con mis padres y el chico altanero.
-Oh, Bonny -papá sonrió-. Qué bueno que te vemos. ¿Tienes algo que hacer ahora?
-La verdad es que iba en camino a hablar con ustedes -le lancé una mirada fulminante al chico altanero, que esta vez tenía puestas unas gafas Ray-Ban negras.
-Que casualidad -mi madre me sonrió-. Nosotros también -iba a entrar al ascensor, pero mi madre me detuvo-. Pero será luego. Por ahora, sería muy lindo de tu parte si llevas a Kevin a casa -mamá le dio una mirada a mi papá-.Vivirá con nosotros un tiempo. Hasta que su departamento termine de construirse.
Miré a mi madre, a mi padre, y luego al chico altanero que estaba al borde de la risa.
-Mamá, pero...
-Tenemos muchas cosas que hacer, cariño -dijo mi padre-. Hablaremos con más calma en la casa. ¿Sí? -Suspiré. No podía hacer una escena de rabieta en pleno pasillo de la agencia. Hablaría civilizadamente con ellos apenas cayera la noche.
El chico salió del ascensor con su maleta mientras se despedía de mis padres.
-Es tu casa también de ahora en adelante, Kevin -mamá le sonrió a Kevin, que también le dio una sonrisa de vuelta y luego ya las puertas del ascensor se habían cerrado.
Le lancé una mirada fulminante al chico altanero. Era demasiado alto y odiaba tener que flexionar el cuello para mirarlo a los ojos. No me molestaba que se quedara a vivir un tiempo con nosotros. Me molestaba que mis padres no me hayan mencionado nada. Perros.
-Entonces -Kevin me sonrió-. Supongo que seremos solo tú y yo-. Parpadeó varias veces seguidas-. ¿En tu auto o en el mío?
Este maldito.
-No tengo auto -murmuré. El sacó sus llaves.
-Entonces, en el mío -se mordió el labio inferior y se dirigió al estacionamento.
Presentía que iba a ser un trayecto muy largo.
**
Miré de reojo a Kevin. Odiaba que tuviera un humilde mustang color blanco. Yo amaba los mustang. Pero mis padres se negaban a comprarme uno. El trato era que tenía que graduarme y luego ellos lo pensarían. Era estúpido, ya que tenía un perfecto promedio de 9,4.
-¿Vas a seguir mirándome así todo el camino? -Cuestionó, con una sonrisa pícara estampada en su ridículo rostro.
-Cruza a la derecha -le murmuré. Hizo lo que le ordené y luego clavó sus ojos en mí.
-Prácticamente seremos como hermanos un tiempo -dijo, esta vez mirando al frente-. Quisiera saber algunas cosas de ti -me crucé de brazos y me hundí en el asiento. Olía a una fragancia muy masculina y eso me perforaba los sentidos.
-No es necesario que sepas algo de mí -lo miré-. No soy muy interesante.
-Eso es cierto -concordó. Casi lo estrangulé. Pero luego sonrió-. Pero eso no quita mis ganas de saber más de ti -al llegar a una esquina, cruzó, y me sorprendió saber que iba en la dirección correcta.
-¿Sabes en donde es? -Él asintió, sonriendo.
-Sí, bueno, está en mi GPS -señaló el pequeño aparato que indicaba la dirección.
Estúpida, Bonny.
-Debiste habérmelo dicho. Así no hubiera hablado como una estúpida todo el camino -escupí. Era un maldito engreído.
-Lo siento -se disculpó, pero la sonrisa no se borraba de su rostro-. ¿Qué puedo hacer para que me perdones?
Juro que si la mirada matara, ya este imbécil estuviera bajo tierra.
Gracias al cielo hizo silencio cuando llegamos al edificio. Era de 10 pisos y era realmente lindo. Me gustaba la altura. Kevin bajó su equipaje y procedió a seguirme en silencio. Al pasar por recepción, saludé a Chris, el recepcionista, y llegué directo al ascensor. Tuve que esperar que bajara. Cuando llegó, subí, seguida del chico engreído y marqué el piso 10.
Llegamos a nuestro piso y caminamos en silencio por el pasillo. Llegué a la puerta y la abrí, dando a relucir mi hermoso hogar. Tenía una amplia sala de estar, con una hermosa pared de vidrio que iba del piso al techo paralela a la entrada. Por un costado, estaba la cocina, con un mesón de granito y en rincón estaba el mini-bar. El departamento tenía cuatro cuartos y era estúpido porque solo dos estaban habitados. Le planteé la idea a mamá de alquilar una habitación y recibir un ingreso extra, pero me dijo que estaba loca, que teníamos el suficiente dinero como para pagarnos dos de este departamento.
Pero la verdad era que me sentía muy sola a veces en casa.
Pero ahora estaría en compañía de un chico altanero y engreído.
Gracias Dios. Buena esa. A veces hay que tener cuidado con lo que se desea.
-Tu habitación está por aquí -le indiqué a Kevin que me siguiera. A mi izquierda, había un pasillo que daba al cuarto de mis padres, y a la derecha, había otro pasillo que daba a las otras tres habitaciones, entre una de esas, la mía. Y un pequeño baño para las visitas, ya que cada habitación tenía su propio baño.
Y agradecía eso inmensamente. No me imagino tener que compartir el mismo baño
La habitación extra era muy sencilla; paredes grises, algunos cuadros y una cama king size. Había una ventana que iba del piso al techo también, pero no ocupaba toda la pared.
-Siéntete como en casa -murmuré. Kevin entró y dejó todo su equipaje encima de la cama-. Si necesitas algo, estaré en la cocina-. Iba a irme, pero luego recordé el mensaje que mamá me había mandado de camino acá.
"Sé cariñosa con Kevin, Bonny. Acaba de perder a su padre. Hazle algo de comer así no tenga hambre."
Ahg. Odiaba ser tan educada.
Por otro lado, mamá había dicho que su padre acababa de morir. Y sin embargo, está tan tranquilo. Y entendía eso. Cuando estás muriendo por dentro, pero no quieres que nadie lo sepa y finges que todo está bien.
-¿Quieres algo de comer? -Le pregunté. Él estaba de espaldas hacía mí, desempacando, y dejó de hacerlo al escuchar mi voz. Pude notar como sus hombros se tensaron y odié haberlo hecho sentir incómodo.
-No te molestes -respondió secamente. Tragué grueso. Definitivamente lo había molestado.
-Voy hacer algo de tomar, entonces -dije, casi murmurando. Cerré la puerta y me dirigí a la cocina.
¿Por qué le habrá molestado tanto que le haya ofrecido de comer?
Sacudí mi cabeza y decidí hacer una merengada de fresa. En la noche, iba hablar con mis padres y les iba a pedir detalles de todo