Narra Abbigail
Había idealizado a alguien que no lo merece, tenía en un pedestal a un hombre que me había engañado todo este tiempo. Abrí aquellos mensajes y lo que vi me sacó de mí, no estaba lista para todo lo que estaba ante mis ojos. Era tan ciega, ¿Cómo no lo vi venir? estaba pensando que tenía una relación con un santo, el amor me hizo olvidar que la perfección no existe.
—Daniel… —susurré viendo como todo se nublaba porque unas lágrimas llenaban mis ojos—. No puede ser posible.
Levanté mi vista hacia él y al darse cuenta de cómo estaba, su sonrisa se borró y se levantó de su lugar para acercarse a mí. En su rostro ya podía ver la preocupación, él sabía lo que pasaba, por cómo estaban sus ojos, sabía que él sabía lo que yo había visto.
—Te puedo explicar —fue lo que dijo cuando intentó tomar mi brazo.
—No me toques.
Di un paso hacia atrás y traté de controlar mi respiración, no sé cómo explicar lo que sentía; era como si el mundo se me fuera cayendo encima por pedazos. Mi piel estaba fría, mi estómago tenía una sensación extraña, pero lo más fuerte, lo más feo de todo, se podía sentir en mi pecho. Era como un vacío, como si algo que estaba antes, ya no estuviera dentro de mí.
Esas imágenes de Daniel me han destrozado como no tiene idea, verlo desnudo foll*ndose a otra mujer, es algo que no pensé ver jamás y lo peor, es que esa mujer es una de mis damas de honor.
—¿Cómo pudiste hacerlo? ¿eh? ¡¿Cómo mierda pudiste?! —grité perdiendo la cabeza.
—No, espera, lo puedo explicar. Vamos a mi apartamento y hablemos, juro que hay una explicación para todo, lo juro.
—¡¿Cómo puedes explicar esto?!
Giré mi móvil para que viera, quería restregarlo en su cara.
—Espera, baja eso, todos lo verán. Vamos, por favor no hagamos un escándalo aquí, hablemos en el auto.
—¡Es mi dama de honor! ¡Te follaste a mi maldita dama de honor! Daniel nos casamos en una semana, ¿Cómo pudiste hacerlo? pensé que tú…
Bajé mi cabeza y solté un llanto desgarrador, sé que todos los que estaban en el restaurante me escucharon.
—No es lo que crees, mi amor, por favor; hablemos afuera.
—Pensé que estabas comiendo sushi con tus amigos y por supuesto que eso hacías, te estabas follando a esta zorra en tu despedida de soltero mientras que yo comía pastas. Dejé de ir a una maldita disco porque quería respetar a mi futuro esposo, conté solo tres copas porque no quería que tú… Soy una idiota, soy la mujer más estúpida por confiar en una rata como tú, eres un maldito Daniel.
Tomé aire y al ver que estaba haciendo un show, que tenía la mirada de todos en mí, decidí limpiar mis ojos sin importarme que el rímel se corriera por mis mejillas.
—Estuve a punto de cometer el peor error de toda mi vida, estuve a punto de condenar mi vida a alguien que no vale la pena. Agradezco enterarme de esto ahora, porque habría hecho el peor de los ridículos en una iglesia, en un altar en frente de mi madre, mis amigos, en frente Dios. Agradezco que pasara de esta manera, porque estoy a tiempo de evitar equivocarme.
Miré mi dedo con la sortija de compromiso, Daniel sabía lo que haría y trata de evitarlo.
—No, no lo hagas. Por favor, perdóname, no quería hacerlo; estaba tomado, no recuerdo muchas cosas, de verdad no sé qué me pasó. Fui a comer sushi y luego planearon mis amigos ir a un bar, pensé que sería un momento, que solo iríamos por unas cervezas, pero… pero no lo sé, creo que… tome mucho y perdí el control. Por favor, Abbi, mi amor.
—Se cancela la boda, Daniel —dije quitándome el anillo y dejándolo caer dentro de una copa de vino blanco que estaba en la mesa de al lado.
—Cariño, no hagas esto. Abbi, no puedes hacer esto ¡Perdón!
Me di la vuelta y no había marcha atrás, no hay manera de que pueda volver. Daniel intentó retenerme.
—¡Por favor! ¡Déjame explicarte! —soltó desesperado tomándome del brazo.
—No vuelvas a tocarme —respondí levantando mi mano y dejando una bofetada en su mejilla, fue tan fuerte y con ganas que mi mano ardió—. No te quiero cerca de mí, Daniel. Oh, algo más, renuncio.
Salí de aquel restaurante sabiendo que había hecho el espectáculo de mi vida, uno doloroso, uno que me ha arrancado mi corazón.
Llegué a mi apartamento, me lancé a mi cama y abracé a mi almohada, solté aquel llanto que venía desde lo más profundo de mí; me sentía como una niña pequeña, una niña indefensa a la que han lastimado. Me sentía como una tonta porque siempre hice las cosas bien, durante dos años quise ser una novia ejemplar porque pensaba que tenía conmigo a un hombre de ensueño y la vida me abofeteó demostrándome que estaba equivocada.
—Abbi, soy Alise, ¿estás aquí?
Escuchaba los golpes en la puerta y me quedaba callada, no quería ver a nadie, me sentía avergonzada; las invitaciones estaban repartidas, todo estaba listo, mi vestido, todo. ¿Qué se supone que le diga a mi familia?
—Abbi, sé que estás ahí. Puedo escucharte sollozar, abre la puerta.
Me levanté de mi cama y me fui con ella, al abrir la puerta ella me dio un abrazo y volví a llorar en su hombro.
—Me engañó, Ali. Ese hijo de put* me engañó.
—Lo siento mucho.
Su abrazo me reconfortó.
—Siento no escucharte antes, lamento mucho ignorarte. Pensaba que… ¡Oh, no sabes cómo me siento!
—Debe ser muy duro, pero aquí estoy para ti. Lamento esto, lo siento, pero por él, porque perdió a una mujer increíble. Aquí estoy para ti, si quieres puedo hablar con alguien para que le den una paliza, solo es que tú me digas. También vamos con esa perra de Chantal, sé dónde vive ¿Cómo pudo la muy sucia?
—No quiero verlo más, no quiero ver nada de esto —dije volteando a ver algunos regalos que habían enviado algunas personas para nosotros—. Quiero cancelarlo todo, no quiero ver nada de esto.
—Te ayudaré, no te preocupes.
Esa noche mi amiga, la que me ayudó a organizar cada detalle de mi boda, la que me acompañó a escoger mi vestido, me ayudó a regresar todas las cosas, a llamar a los invitados y cancelarles el evento, me dio fortaleza para llamar a mi madre y decirle lo que había pasado; hasta me ayudó a regresar los regalos, y lo más duro, a vender el vestido de novia de mis sueños.
—No quiero quedarme en Los Ángeles.
—¿Qué dices?
—No quiero quedarme, no puedo.
—Abbi, no puedes irte de la ciudad. Podemos buscar otro empleo, si quieres puedo llamar a alguien mañana o pasado mañana. Por ahora toma un tiempo para ti, sé que es duro, pero no puedes irte de la ciudad. Vamos, piensa mejor las cosas.
—No puedo pensar más que en su engaño, tenía todo listo, Ali; lo sabes. No, no quiero quedarme, no quiero volver a cruzarme a Daniel por la calle o que venga a molestarme a mi casa, no quiero verlo ni en pintura. Siento que soy la burla de todos en este momento, todos lo sabían ¿verdad? Por eso esas hijas de puta estaban en la empresa de esa manera, ¿cierto?
—No pienses en ellos, tú… tú no pienses en nadie más. Por ahora preocúpate en ti y en tu bienestar. Si dices que estarás mejor por fuera, está bien. Toma las vacaciones de verano y trata de estar bien, yo iré a visitarte.
Me lancé hacia mi amiga y le di un abrazo.
—Gracias por esto, Ali.
—No tienes que agradecer.
Esa noche compré un vuelo para primera hora largarme de esta ciudad, la que se convirtió en mi hogar, me dio las más grandes alegría y así mismo, las más grandes tristezas. Empaqué mis cosas y decidí salir de Los Ángeles, quiero dejarlo todo aquí; Daniel su familia, todo. No quiero saber de ellos.
Aproximadamente, cinco horas después, ya estaba en Miami, estaba frente a mi antigua casa esperando por ver a mi madre y abrigarme en sus brazos.
—Oh, mi amor, ya estás aquí.
—Mamá…
Me refugié en su pecho y solté las lágrimas que estaban en el borde de mis ojos.
—Sé cómo te sientes, mi amor.
Solo ella me entiende y no porque sea mi madre, sino porque mi padre la engañó y por esa razón se separaron hace más de diez años.
—Ya estás aquí, estás conmigo, todo estará bien.
Pasamos a la casa y le conté los detalles de lo ocurrido, tuve mi momento sentimental y me desplomé mil veces, pero mi madre me reconstruyó.
—Necesito estar aquí, en casa, contigo.
—Claro que sí, mi amor. También estoy más tranquila si estás aquí… aunque, tengo algo que decirte.
Mamá tomó una de mis manos y parecía algo nerviosa.
—¿Qué sucede?
—No te había contado, pero tengo un novio, su nombre es Fernando —dice mi madre—. Es un hombre maravilloso, es atento y… estoy enamorada de él.
Eso no lo vi venir.
—Vaya, no me habías contado.
—Pensé hacerlo en tu… bueno, en el viaje que haría a Los Ángeles, él iría conmigo para presentarlos.
—Oh, si tú eres feliz, entonces también yo lo soy, mamá.
Dejé mi taza de café en la mesa de centro y me percaté de algo curioso, veía que en casa de mi madre faltaban algunas cosas, se veía diferente.
—Siento que hay algo diferente ¿Dónde está tu colección de tazas? ¿y tus flores? ¿Tus cuadros? Faltan algunas cosas en casa.
—Es que me mudé hace unas semanas con Fernando, mi amor.
—¡¿Qué?!