—¿Podemos hablar un momento? —inquiero mientras entro a la oficina de Con. Hace un par de días que llegamos de Santorini. Greta volvió hoy al colegio y Con al trabajo. Así que es mi momento de hablar sobre lo que tengo pensado. —¿Greta? —Está viendo su última media hora de dibujos animados —espeto mientras tomo asiento en la silla frente él. Constantine me ve con curiosidad. —Quiero comentarte algo que tengo en mi cabeza desde hace unos días —Y eso, ¿es? Dejo escapar el aire. —Necesito volver a trabajar, Constantino. —No creo que sea buena idea. —No estoy pidiendo tu permiso. Replico. —Entonces, ¿por qué me lo dices? Lo miro como si fuera un idiota. Claro que lo es. —Quedamos que vamos a convivir como un matrimonio y la estúpida en mí pensó que merecías saber mi decisión.

