Eva Puedo ver una sonrisa sardónica saliendo de su rostro y en estos momentos siento como si hubiera firmado un pacto con el mismísimo diablo. Y es que eso era él, un hombre despiadado, un hombre sin una pizca de sentimientos. Él unió sus manos y asintió lentamente con su cabeza. —Eso era lo único que tenía que escuchar. —Él se pone de pie y siento como si todo fuera una muy mala decisión, de la cual no había retorno. —Espere —dije, llamando su atención— quiero que aclaremos algo antes de esto: primero no será por mucho tiempo que estaremos casados y mucho menos nos casaremos por la iglesia, para mí eso es algo muy importante y significativo que claramente no voy a perderlo con usted, —él levanta sus cejas y luego pone su rostro lleno de desagrado escuchándome—, me paga la mensu

