Sentado frente a los hermanos de Isabela, Dante parecía una bomba de tiempo. Su mirada fría y calculadora, digna de un asesino, ocultaba pensamientos oscuros y retorcidos. —¿Podrías cambiar de expresión? — Pregunto Isa al ver como veía a sus hermanos. — “¿Y qué expresión te gustaría ver? Tengo un catálogo completo.”—Respondió sin quitar los ojos de su objetivo. — Ellos podrían irse, la puerta no muerde. El mundo los espera y yo no los detendré —Giro la cabeza un instante, le dio una sonrisa a su amada mientras le tomaba la mano con la que lo acababa de golpear. —¡Vaya, parece que alguien se olvidó de crecer hoy! ¿Estamos en un jardín de infantes y no me avisaron? si continúan con sus niñerías me temo que los sacare a todos. — Isabela no quería entrar a ese juego, entendía la molestia d

