—¡Creo que voy a vomitar! — Interrumpió Diego al otro lado de la puerta tapándose los oídos. Los hermanos de Isabela arrugaban la cara al escuchar las palabras de Dante, tal vez el sonido de sus labios al rosarse aumento la incomodidad. — Que asco. —Prosiguió Pablo alejándose de la habitación. —Mis tímpanos arden. Su cuerpo se sacudió, a causa del mal sabor en su boca. Tomo el control y encendió la tele dándoles privacidad a los tortolitos sin imaginar lo que estaba por suceder. —Mis hermanos y la poesía son como los pingüinos en el desierto, ¡totalmente fuera de lugar! Dante no quería hablar de poesía, la sonrisa de Isa lo invitaba a perderse en un beso totalmente adictivo. La mirada de ella le pedía más, pero el problema era que no sabía que. — ¿Y yo? ¿Estoy fuera de lugar? — Pr

