Dos años pasaron y Santi Rúales aún no lo superaba. Con un nudo atascado en su garganta y los ojos cristalizados observaba la fotografías que Erika subía a sus r************* . Reprimiendo las lágrimas cerró la laptop y se giró hacia la ventana. —Adelante— pronunció con su voz ronca la cual ejercía poder. La joven que ingresó, caminó hasta el escritorio, desde atrás lo abrazó y en su oído susurró. —¿Otra vez revisando las redes de mi prima?, cuando vas a entender que ella nunca te amó. Si te hubiera amado un poquito, jamás se abría hecho novia de Pablo. —¿A qué vienes?— Masculló con frialdad Mía suspiró y se paró delante de él, luego se inclinó y alzó la mirada, pendiéndose así en esos ojos negros que estaban iluminados. —Santi, olvídala como ella te olvidó—Santi sonrió de medio lad

