Horas más tarde, Ángeles despertó, la oscuridad seguía siendo lo primero que veía al momento de abrir sus ojos. —¿Dónde estoy?— Inquirió al tocar las suaves sábanas que cubrían el colchón. Desde la silla que se encontraba solo a unos metros , Adrián la contemplaba, frunció el ceño al verla estirar su mano, como si buscara algo. —Amor, ¿Estás bien?— cuestionó acercándose. Escuchar esa voz, alteró los nervios de Ángeles. —Aléjate de mí— sugirió al rodarse por el otro lado de la cama, cuando cayó al suelo, Adrián corrió ayudarla —No me toques—exigió lanzando manotazos dónde cayeran. —Erika, ¿Por qué reaccionas así amor? Escuchar ese nombre, avivó a Ángeles. —No soy Erika, soy Ángeles— Adrián sonrió e intentó tomar las manos de quién creía, era su Erika. No obstante ella lo evitó. —Amo

