Pablo sonrió de medio lado, cada día estaba más cerca de conseguir su propósito, que era alejar definitivamente a Erika de Santi. Con una sonrisa de victoria salió tras de Erika, está última caminaba reprimiendo las lágrimas, cuando escuchó los pasos de Pablo se detuvo. —No deberías llorar, chiquita —No estoy llorando—musitó forzando una sonrisa Pablo dió un paso más y tomó las manos de Erika, dejó un beso en ellas y luego alzó la mirada clavando sus ojos café en los claros de ella—Eres una niña hermosa, si él no supo valorarte, hay más chicos en este mundo, quienes harían cualquier cosa por tener tu amor— Erika suspiró y retiró su mano. —Lo sé, por eso he decidido irme del país —¿Te vas del país? —Si, pensaba ir a Francia, pero mi padre no estuvo de acuerdo, por ello me mudaré a l

