Después de la cena, platicaron sobre sus vidas, Matías estaba cayado, solo observaba detenidamente aquella mujer. Para el era difícil ver a una mujer idéntica a su madre y no poder decirle mamá. Por un momento sus ojos se aguaron, ver la felicidad con la que su hermana sonreía, le llenaba de regocijo. —Y tú Matías ¿Cuántos años tienes? —Veinticuatro— responde cambiando la posición de su pierna— ¿No tienes hijos?— Inquirió y Ángeles negó. —Nunca me casé, dediqué mi vida a la fundación —Ósea, ¿No tuviste novio?— Inquiere Erika con curiosidad —Si, uno, pero partió de este mundo— Ángeles suspiró y preguntó —¿Puedo tocar tu rostro, Erika? —Si claro. Las suaves manos de Ángeles, recorrieron el rostro delgado de Erika, luego conoció el rostro de Matías. Se sentía contenta de tener dos so

