Capítulo treinta: Una bomba Brandon Hell Resoplo hastiado de toda esta porquería de día. Desde que llegué de Atenas no he tenido respiro y con cada segundo que pasa mi humor empeora. Maldigo a Abdul por montar este circo llamado boda y maldigo a la loca venática que no sale de mi retorcido cerebro. No la entiendo, no la soporto y a la vez, pierdo la concentración cuando la tengo a menos de doscientos metros de distancia, porque en lo único que puedo pensar es en hundirme en su caliente, mojado y estrecho coño. ¡Joder! El hecho de que el vestido de color zafiro de dama de honor se ajuste a sus curvas perfectas y los invitados le presten más atención a ella que a la propia homenajeada, empeora mi situación. Me está provocando, desde la noche anterior es lo único que ha hecho, como si

