El cansancio es nada para Mónica comparado con la felicidad que siente al haber encontrado a Carlos con vida, aunque todavía no estaba consciente al salir del hospital sabe que será cuestión de tiempo para tenerlo de nuevo a su lado sano y salvo como quiere, empieza a amamantar a Natalie en completo silencio mientras se acuesta en su cama acariciando su cabecita, la ternura la invade y no puede evitar hablarle de Carlos y lo feliz que se siente de haberlo rescatado, ahora lo único que quiere es que le digan que todo ha estado bien con él y que no hay nada de qué preocuparse. A la mañana siguiente Mónica se despierta con un aire de tranquilidad que se lo transmite a sus hijos durante el desayuno, se siente más relajada aunque no del todo pero eso es suficiente para que la mañana del lunes

