Maximiliano Sokolov El sol de la mañana era frío pero la sensación de la mano de Autum en la mía me daba un calor que ninguna fortuna podía comprar, el día anterior el drama del consejo había quedado encapsulado hoy volvíamos a la normalidad, aunque supiera que esa normalidad era una mentira frágil. Lo llevé personalmente a la academia. Me agaché a su altura. —Sé bueno, campeón hoy el trabajo será aburrido, pero volveré a tiempo para ir al parque — Le dije. —¿Jugaremos al fútbol?— Preguntó asentí. Su abrazo fue apretado un recordatorio físico de mi promesa. Verlo entrar despreocupado me dio la fuerza para enfrentar el infierno que sabía me esperaba en la oficina. Llegué a mi rascacielos del centro la fachada legal de mi imperio justo en la entrada como una estatua de már

