Ainoha Williams Las luces de la ciudad comenzaban a encenderse, pero la luz dentro de mí se había extinguido por completo. Acababa de recoger a Autum en la academia y su alegría por el fútbol y el día de clases contrastaba brutalmente con el vacío en mi pecho. Llegamos al edificio y subimos al apartamento de Ignacio era lujoso, frío, impersonal la luz que entraba por las ventanas al atardecer era pálida. —Mami, ¿por qué estamos aquí? —Su voz era pequeña mientras dejaba su mochila en el suelo. Era la pregunta que había estado esquivando desde que salimos de la academia—. Papá dijo que iríamos al parque a jugar al fútbol. El dolor era un nudo frío. Las palabras de Maximiliano esta mañana, las promesas de la tarde, todo se había deshecho había pensado que era real, había pensado q

