Ainoha Williams Dejé a Autum bajo la vigilancia de la mucama y me dirigí al salón de vestuario el lujo aquí no era tranquilizador era una amenaza. La habitación era ostentosa espejos de cuerpo entero, tocadores de caoba y un ejército de estilistas y damas de la organización. Sentadas en un sofá de terciopelo, me esperaban Lucía y la tía Elena, una mujer mayor y fría que juzgaba con cada pestañeo, Lucía se levantó, su sonrisa era tan falsa como el amor que Matías me había profesado. — Querida ¡Por fin! Nos preguntábamos si la pasante desterrada recordaba el camino a la civilización estábamos a punto de enviar un mapa— Quise doblar los ojos pero me mantuve tranquila, lo más tranquila que podia estar en este nido de víboras. — La recordé perfectamente, Lucía y por lo que veo,

