Ainoha Williams No dormí, había pasado la noche sentada, acunando a Autum con la oreja pegada a la pared que me separaba de la habitación de Maximiliano. El silencio de esta casa era más aterrador que el caos el amanecer ruso llegó con una luz gris y fría, pero no trajo calma, sino la primera batalla. A las 7:30 de la mañana una mucama de aspecto severo bajo las órdenes de Maximiliano llegó con el desayuno, pero antes de que pudiera deslizar la bandeja, la detuvo Matías, e estaba en la puerta, con el rostro pálido y los ojos inyectados de sangre, parecía haberse vestido a toda prisa, el traje mal abotonado. La imagen del "heredero arrepentido" era patética. — ¡Fuera! — Le ordenó a la mucama en ruso que no entendí, pero cuya intención fue clara. — No, ella se queda, no teng

