Ainoha Williams El auto se detuvo ante la fachada de mármol y acero de la Mansión Sokolov, era una arquitectura brutalmente lujosa, un faro de poder y crueldad. Al bajar del auto, el aire frío de Moscú me azotó, pero el verdadero escalofrío me lo produjo la escena en el vestíbulo. Maximiliano me guio, sujetando a Autum que se había despertado y ahora miraba el techo embobado y con asombro. La sala era un escenario. En el centro estaba el señor Sokolov Andrés mi antiguo verdugo, con su traje perfectamente cortado y su semblante de piedra, a su lado la señora Sokolova Lucía, la víbora con collar de diamantes demasiado brillante y a unos pasos como esperando el inevitable espectáculo estaba Matías el hombre al que había amado con todo mi corazón y que me había destruido y desechado como

