—Bien, no generé tantos ingresos como quería en la primera noche, pero al menos ya no tengo que venderlos a ustedes —comenté enderezándome un poco y vi a Emanuel hurgar en mis cosas, no sé por qué—. Oye, donde estás revisando es donde guardo mi ropa interior, ¿qué carajos? —¡Ah! Me dará gangrena —se quejó—. Voy a irme de viaje por dos semanas, odio ir a los retiros religiosos de mis padres, pero me obligan. —Puedes excusarte con la universidad, decir que no te puedes ausentar —le dije y negó con la cabeza. —Le pidieron permiso al decano y accedieron por tratarse de creencias religiosas. Quiero cortarme las venas. —Es una porquería. —Lo sé —dijo y miró alrededor—. Oye, ¿y Lucio dónde está? —No lo veo —dije mirando alrededor y Emanuel rompió en risas. —Seguro se escabulló para hablar

