Atlas intentaba tragar el bocado que masticaba ya desde hacía rato. Las náuseas le hacían imposible poder comer, y había tenido fiebres. Pero, como no quería arruinarle el viaje a Lorraine, decidió no decir nada ni quejarse mucho. Le dolía el cuerpo y sentía malestar general, fue entonces que empezó a ponerse de mal humor. Lorraine regresó de la cafetería con Giulia en brazos, había comprado unos cupcakes de café y algunos macarons. - Ya volvimos. Le dijo ella sonriendo de oreja a oreja, pero Atlas le devolvió el saludo con la cabeza apenas dirigiendole una mirada. Al ver la expresión malhumorada de su esposo ella decidió no hacer mucho ruido ni nada para alterarlo. Al ver qué la pequeña estaba poniéndose muy inquieta y amenazaba con empezar a llorar, Lorraine la tomó en brazos y d

