El sol se filtraba con intensidad por la ventana. Luna dormía profundamente, pero la mañana estaba entrando y había una cita muy importante a la cual asistir. Cuando fue capaz de abrir los ojos por completo se apresuró a levantarse porque se hacía tarde. —¡Leo!, ¿dónde estás? —lo llamó al ver que no estaba a su lado. En un dos por tres se levantó decidida y llevando puesta la ropa de dormir salió a prisa para buscarlo. El sueño que tuvo la puso intranquila y necesitaba de su abrigo—. Leo, es importante que nos vayamos ya. Recorriendo su casa, a la que se mudaron solo ellos dos un año después de vivir en el nuevo pueblo, buscó en cada habitación hasta que llegó a la puerta principal y la abrió con torpeza. Cuando al fin lo encontró, su corazón volvió a recuperar el ritmo. Lo divisó en s

