—¡Abran ahora! —exigió Luna gritando para que la escucharan. Un guardia atendió enseguida al llamado. Era obvio que Dante pediría protección. Al divisarlo, ella lo desarmó de un tajo que lo hirió superficial y sin darle la oportunidad de defenderse. La cortada en el brazo dolía, ¡sí!, pero la adrenalina bloqueó la sensación. Otro guardia más llegó y la mujer fue veloz, amenazándolo con su filosa hoja. Alí llevaba el arco dispuesto a ser usado y apuntó hacia los dos hombres. —Si interrumpes mi camino cierta amiga se va a molestar mucho y puede que deje de ser amistosa —le dijo intimidante, presionando sobre la piel del cuello que pronto sangró. El primer guardia, sabiendo que trataban con alguien que cumplía lo que decía, se alejó dando tres pasos hacia atrás y luego se adentró en la ca

