El tiempo pactado pasaba con extrema lentitud y Luna, quien decidió que ese seguiría siendo su apelativo estando allí, para asombro de los que la conocían había recuperado gran parte de su vitalidad. Una pesadez extraña la abrigaba antes de dormir y las pesadillas dejaron de molestar, dándole paso a pedazos de memorias que iban armando poco a poco el rompecabezas. La cuarta noche Luna salió sigilosa de la habitación de la nueva casa que ocupaban, siendo esta menos decorada porque se estaban terminando de instalar, pero fue descubierta por Alí, quien se asomó casi al mismo tiempo. —¿Qué haces? —le preguntó en voz baja. Él se mantenía vigilante y su recámara se hallaba solo a dos puertas de la suya. Tal vez oyó algo extraño y decidió investigar. Los dos se detuvieron en medio del pasillo

