Mamá...
¿Mamá?
Eso era lo que me daba vueltas en la cabeza desde hace unos días, después de conocer a. Louise Connelly.
Todo lo que había pasado en estas semanas era de lo más loco y aún le buscaba respuestas a lo que era peor ¿Qué me estaba pasando a mí con esos dos?
Ese día en ese proyecto de Hogwarts carcelero me sentía intimidada, pero cuando esa pequeña se aferró a mi cuerpo mi corazón se saltó un latido y no pude no seguirle la corriente.
Louise es una niña tierna, dulce con un carácter fuerte como el del idiota de su padre y en realidad es que se parecen mucho, misma sonrisa, mismo color de cabello, salvo sus ojos, esos si que son especiales, jamás había visto unos ojos tan amarillos como los de Louise, es que parecen dos solecitos.
Pero como necesito entender muchas cosas de esos dos me decido a hacer algo por la causa y quién mejor que Chris para responderme todas esas dudas, porque esperar que ese idiota irlandés lo haga es imposible.
Abro mi computadora y me conecto a la red de la empresa, con unos cuantos clicks que hago en el chat corporativo aparece el ok del susodicho. Espero pacientemente cuando escucho ese sonido al que me he acostumbrado estos últimos meses.
—Shannon querida…
—¡Vannah! ¡Qué bueno verte!
—Lo mismo decimos—se levanta del asiento en donde está y me muestra su hermosa pancita, se ve tan tierna con ese vestido rosa y su cabello aún n***o que niego con mi cabeza.
—Te encanta molestar a James.
—O excitar, eso depende de cómo ande de ánimos.
—Y tú ¿Qué haces con Chris? no me esperaba verte en la oficina.
—Vine a ver a mi niño bonito y aproveché de saludar a mi cuñadito.
—¡Mentira! Me está utilizando para sacar a mi hermano temprano del trabajo y dejarme con esa víbora de cascabel.
Ambas nos reímos de nuestro amigo porque entendemos perfectamente a quién se está refiriendo, pero lo dejamos ser, ya se enterará de lo enamorado que está de esa chica tan linda que es Rocío.
—Aprovechando que están los dos aquí quiero hacerte unas preguntas, Chris y me imagino que Vannah ya te ha comentado lo que pasó con la hija de ese idiota.
—Mi hermoso angelito, ¿Te cayó bien cierto?
—Es muy amorosienta, pero el que me preocupa es el idiota de su padre, es que me saca de quicio y trata muy mal a Louise.
—Ese idiota, como dices no va a cambiar nunca, como odio cuando se pone en ese tonito intenso con mi pequeña, si ni siquiera la conoce, jamás a estado para ella.
—Respira, Chris. Ya te estamos entendiendo, pero ¿por qué es así? ¿la mamá de la niña lo abandonó? Porque de todo el tiempo que lleva Louise acá el hablar de su madre es un veto absoluto.
—Mi querida Rosy, ella… ella nos dejó el mismo día que nació Louise.
—¿Qué?
—Ay Chris, si lo dices así Shannon va a pensar otra cosa. Amiga, la mamá de Louise falleció en el parto, sufría de una enfermedad a la sangre que no fue detectada a tiempo.
—O más bien la ocultó muy bien.
—Déjame terminar a mí ahora.
—Perdón, cuñadita.
—Perdonado. Como te estaba diciendo, la mamá de Louise tuvo complicaciones el día del parto y falleció ese mismo día.
Las razones ya están demás, pero desde ese día Aaron cambió completamente, se botó a la bebida y alejó a la niña de su lado, culpándola por la muerte de su esposa.
—Pero si será idiota, hasta el menos conocedor sabe que cualquier embarazo puede tener complicaciones y un bebé no es culpable de haber nacido.
—Díselo a él, Shannon. Nosotros lo hemos intentado, pero lo único que logramos fue que se sumiera más en ese maldito pozo sin fondo. Al final, nos dimos por vencidos y los tíos se encargaron de Louise y nosotros los apoyamos, en la medida en que nos fue posible hasta que ese idiota se le ocurrió la genial idea de meterla en Le Rosey.
Desde ese momento, lo único que pude hacer fue darle a esa niña a pompón, su caballo para que no se sintiera tan solita y pasar con ella las fiestas en que viajaba para estar con la familia.
Esa es la historia de mi pequeña Leprechaun.
—Entiendo…
Conversamos un poco más y les conté que la niña se estaba quedando con él en su departamento, que por suerte la llevaba todos los días a la oficina y ella se quedaba conmigo porque el muy idiota no soportaba su presencia, pero que por desgracia estaba preocupada porque debía viajar para estar con ellos en el cambio de mando en Nueva York.
Después de cortar la llamada, sentía como si un camión me hubiese pasado por encima, pero también estaba el hecho que me di cuenta del por qué me sentía tan apegada a ella. Ambas no teníamos mamá y nuestros padres, de manera muy distinta, nos trataban de una forma distinta.
—Por suerte, ese idiota no le ha hecho lo que me hizo el mío, pero vivir con alguien que te culpa por algo que tú no hiciste debe ser difícil.
Lancé esas palabras al aire sopesando todo lo que veía y había escuchado, por lo que me decidí. Tenía que encontrar la forma de que ese idiota abriera los ojos y viera la maravillosa personita que tenía a su lado y no me detendría por nada del mundo.
A la mañana siguiente, me levanté con una ánimo distinto, si ya estaba ayudando a Louise a ser un poquito feliz ahora era el momento para que su felicidad se completara y de verdad tuviera un papá.
Me fui a la oficina y tuve varias reuniones con el incordio ese, antes de organizar mi viaje.
Cuando lo hablé con ella, me recordó que él mismo había dicho que viajarían a Nueva York cuando James asumiera el cargo, por lo que me decidí a hacer un pequeño cambio en mis planes. Compré los pasajes para viajar para los tres y me dirigí a su oficina para informarle.
Lo que no esperaba es que el me saliera con la peor propuesta que en la cabeza de cualquier se podría pensar.
—Eres un maldito hijo de puta.
Salí molesta de su oficina, pero el me agarró del brazo y me acosó pegándome a la pared.
—Si quieres que viaje con ustedes, acepta mi propuesta, así todos saldríamos ganando.
—Idiota.
—No lo soy y lo sabes perfectamente, ya te lo dije, tienes hasta mañana para responderme o simplemente no viajamos a Nueva York.
—Maldito infeliz, pendejo de mierda.
—Di todo lo que quieras, Shannon, pero es todo o nada. Tú decides.
Me soltó y salió silbando como si nada hubiera pasado en su oficina o en ese pasillo, dejando ahora en mis manos el poder de ayudar a esa pobre niña.
Caminé rumbo a mi oficina sopesando su propuesta, cuando entré ahí estaba ella, con sus ojitos llenos de ilusión y me decidí.
—¿Cómo te fue con mi papito?
—Excelente, cariño. Hoy prepararás tu maleta que mañana en la noche nos vamos para Nueva York.
------------------------------
Copyright © 2025 P. H. Muñoz y Valarch Publishing
Todos los derechos reservados.
Obra protegida por Safe Creative