Capítulo 3: Imposición.

1115 Palabras
Mientras estaban en la reunión, Nicholas se encontraba junto a André, el pelinegro se hacía cargo de un nuevo grupo de estudiante en el hospital. —Deberías ir a la oficina— le dijo André tratando de sacarse al mayor de encima. —Uno más y me voy— sonrió Nicholas. El pelinegro levantó una ceja. —Es la quinta vez que me dices lo mismo— le dijo André sin creerle. Nicholas se acercó y lo tomó suavemente de la nuca para darle un beso con esos dulces labios. Sus lenguas nuevamente se rozaron para dejarse un rico recuerdo, hasta que volvieran a verse por la tarde. —Avísame en que quedas con Carly, y si tus padres me quieren conocer estoy aquí— le dijo Nicholas. André le dio las gracias y dejó que su novio se fuera. Luego fue a la sala con sus alumnos antes de iniciar las prácticas. Nicholas subió a su Jaguar y se dirigió a la oficina de su hermano, seguramente sus padres ya estarían ahí viendo el tema de la boda. Al llegar el mayor de los Futtaim se dirigió al último piso, saludó a las secretarias y caminó hasta la puerta. Golpeó antes de entrar. —Buenos días— saludó Nicholas entrando a la oficina. —Al fin llegas— le dijo Rynold—. ¿Dónde estabas?. —Dejando a André en su trabajo— dijo Nicholas. —¿Un café?— le ofreció Kendall. —Gracias— le dijo el rubio mirando al guardaespaldas, notó entonces la mirada de éste y supo que se estaba discutiendo algo importante—. Con dos de azúcar. Se sentó en el sillón, su padre se acercó a él. —Nicholas— le dijo el mayor—. Necesito que me ayudes a convencer a tu hermano de que después de casarse tengan un hijo. Nico miró a su hermano creyendo que su padre le estaba tomando el pelo. —Escucha, yo no te puedo ayudar con eso, es un tema entre Eirian y Orión— le dijo. —Entonces que sean ustedes— dijo Rynold dejando perplejo a todos. —Un momento— le dijo Nicholas—. Yo ni siquiera me voy a casar, menos tener un hijo. Kendall se acercó con el café. —Sinceramente no sé que le dio a tu padre por hacer que todo el mundo tenga hijos— dijo Suyen—. Habrán herederos y eso es lo que debe dejarnos tranquilos. Rynold dio un largo suspiro y se levantó del sillón. —Bien, mejor continuemos con los arreglos. Las horas de la mañana fueron pasando y finalmente el receso llegó. Los alumnos comenzaron a salir del salón para dirigirse hacia el comedor, en el camino Orión llamó a su abuela para concertar una cita para la tarde siguiente. La mujer feliz aceptó con gusto. Luego de eso colgó la llamada. —Dilan— le dijo el castaño a su amigo—. Pasó un año, ¿cuándo le dirás a tus padres la verdad?. El pelirrojo se quedó pensando un momento. —Creo que pronto, después de todo deberé viajar a Emiratos. Mi hermana es la única que sabe, pero aún no he hablado con mis padres— le dijo su amigo. —Ellos te entenderán— le sonrió Orión. Continuaron su camino al comedor. Mientras en el hospital, André se encontraba en la oficina. Había llamado a su hermana para que almorzara con él. —Nunca creí que me dejarías venir a tu trabajo— le dijo Carly—. Debe haber pasado algo importante para que me hayas llamado. —Sí pasó— le dijo André—. Nicholas me llevará a vivir a Emiratos con él, su familia ya lo sabe y quiero que vengas conmigo. Carly quedó completamente aturdida ante tanta información. —Espera, ¿qué?. —Lo que escuchaste— le dijo André. —¿Y qué se supone le dirás a nuestros padres?— le preguntó la chica. —Creo que ellos no tienen mucho que decir, además somos mayores de edad. Tengo un buen trabajo y fui transferido allá. Tú estudiarás bajo mi tutela— le dijo André. Carly seguía tan asombrada y más al darse cuenta que su hermano tenía todo listo. Realmente debía estar muy enamorado para seguir a Nicholas a otro país. Aunque pensándolo bien ella también se arriegaría si ese bombón se le hubiese declarado. —Está bien— dijo su hermana—. Te seguiré en tu locura. André se levantó y le dio un fuerte abrazo, estaba feliz por contar con el apoyo de Carly. Sinceramente si la chica le hubiese dicho que no, él se habría quedado. Después de acompañar a su hermano en el almuerzo, Carly regresó al penthouse para terminar con sus quehaceres del día. Finalmente las horas del día fueron concluyendo, Eirian y Kendall fueron a buscar a sus novios mientras los Futtaim regresaban al hotel. Nicholas se dirigió al hospital para saber como le había ido a su novio con Carly. En el camino de regreso a casa, Orión encontró demasiado callado a Eirian y eso era algo que lo inquietaba. —¿Sucedió algo?— le preguntó preocupado el castaño. Tal vez sus padres se estaban arrepintiendo del matrimonio, después de todo era casi una locura. —Mi padre quiere que tengamos un hijo— le dijo Eirian dejando a su novio sin palabras—. Le dije que eso era un tema de nosotros, y que además tú estás estudiando. Al menos mi madre me entiende y apoya mi decisión. Orión no sabía que decir, y él pensando que ya no lo querían de yerno. —¿Y por qué el apuro?— logró preguntar el castaño. —Le apremia que tengamos herederos. En realidad no se cuál es el apuro— le dijo Eirian—. Y como yo lo rechacé, le dijo a Nicholas. —¡¿Qué?!— Orión se sorprendía de lo que podía hacer el padre de su futuro esposo. —Pero no te preocupes— le dijo el rubio—. Ya entendió que las cosas no se harán a su manera. El castaño asintió. Sinceramente no sabía si quedarse tranquilo o esperar a que la insistencia del padre le llegara directamente a él. Se supone que los Futtaim estarían un par de días más antes de regresar a Emiratos, sólo esperaba no tener esa charla. El BMW y el Audi llegaban al edificio estacionando, los ocupantes bajaron y se dirigieron al ascensor. Dilan miró a Orión, el castaño entendió que Kendall le había contado todo de la llamativa reunión de padres e hijos.
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