Capítulo 4: Sugestión.

1942 Palabras
Al llegar al edificio, Eirian se dirigió al penthouse junto a su futuro esposo. —¿Me esperas dentro?— le preguntó Dilan a su novio—. Necesito hablar una palabrita con Orión. Kendall asintió y fue al apartamento con ambos bolsos mientras el pelirrojo iba con su amigo. —Orión— le llamó su amigo antes que éste entrara— Necesito hablar contigo de algo. Eirian miró a su novio y luego entró al penthouse, el castaño se devolvió para hablar con su amigo. —¿Qué ocurre?— preguntó Orión algo confundido. —Kendall me contó de la reunión, ¿qué harás?. —Qué haré con que— le dijo el castaño. —Pues con el asunto del bebé— dijo su amigo. _¿Estás demente?— le dijo Orión tapando la boca de su amigo—. Es mejor que te calles, me das escalofríos. —Esto es serio_ lo reprendió Dilan—. La familia de billonarios quiere herederos. —¿Y?, yo no tendré un hijo a esta edad, estoy estudiando y esto lo tenemos muy claro con Eirian. Además él tampoco quiere hijos aún— terminó por explicarle Orión. Dilan suspiró. —Yo sólo lo digo porque estoy preocupado por ti. El padre de Eirian se ve algo imponible, supongo que antes de regresar a Emiratos querrá hablar contigo. A Orión se le subieron los jugos de los puros nervios, sinceramente esa era una plática que no deseaba tener. —Será mejor que vayas al departamento— le dijo Orión a su amigo tomándolo del hombro—. Me tengo que ir, y no te preocupes, estaré bien. Dilan asintió sin mucho convencimiento, dejó a su amigo y fue con Kendall. Orión entró al penthouse y cerró la puerta. —Buenas tardes— le saludó Carly al castaño, a la chica se le podía apreciar con una enorme sonrisa—. La cena está lista. —Gracias— le sonrió Orión. Fue al baño a lavarse las manos. —Te estaba esperando— le dijo Eirian apareciendo en el umbral de la puerta—. ¿Sucedió algo con Dilan?. —No es nada, sólo eran algunas tareas que tenemos pendientes. El rubio miró a su futuro esposo, y como si ya lo conociera sabía que le estaba mintiendo. No quería incomodar en la privacidad de Orión, pero para ser honesto igual lo averiguaría. —Tengo tareas que hacer— le dijo el castaño mientras bajaban al comedor. —Yo también tengo algo de trabajo que terminar— dijo Eirian—. Pero no te duermas pronto— sonrió. —Haré lo que pueda. Fueron al comedor para cenar, Carly les dejó servido y luego se retiró a su casa. Esa noche le hablarían con su hermano a sus padres del viaje que harían a Emiratos, bajo la mentira que era un traslado de trabajo de André. El pelinegro no quería que sus padres se entararan aún de la verdad, después de todo ni siquiera sabía si esta aventura iba a resultar. Mientras en casa de André, Nicholas dejaba a su novio. El rubio deseaba hablar con los padres del chico, pero éste se negó rotundamente aludiendo que él hablaría con sus padres pues estos eran "anticuados". Al mayor no le quedó de otra que confiar en la palabra de su futura pareja. —Bien, mañana te vendré a recoger— le dijo Nicholas. André se soltó el cinturón, se acercó a su novio y le dio un cálido beso. —Nos vemos mañana— sonrió el pelinegro. Se bajó del auto y se dirigió hacia su casa, ahora le quedaba esperar a que su hermana llegara. Lejos de ahí en el hotel, Rynold se encontraba en una sala privada lejos de su esposa. Sobre la mesa tenía un montón de papeles, varios sin firmar aún. Pasaba sus ojos una y otra vez sobre la lectura y luego los dejaba encima y se tomaba la cabeza con ambas manos tratando de buscar una pronta solución al enorme problema que se le avecinaba. Se arrepentía enormemente de haber metido a su familia en un fuerte enredo de negocios con la mafia, y todo por no haber averiguado de donde eran aquellos negocios tan atrayentes. Lo único que agradecía era que esto cayó en sus manos y no en las de sus hijos. No soportaría que algo les pasara por su culpa. Necesitaba hablar de forma urgente con Orión, pero debía buscar una forma de hacerlo. De pronto abrieron la puerta. —Estabas aquí— le dijo Suyen sorprendiendo a su marido, miró los papeles sobre la mesa y funció el ceño. —Suyen— dijo su esposo algo sorprendido, comenzó a ordenar los papeles y guardarlos—. Estaba algo ocupado. —Pude notarlo que desapareciste largo tiempo— le dijo su mujer—. Tuve que llamar a tu guardaespaldas para saber donde estabas, ya que mi marido no me dice nada. —No exageres mujer— le dijo Rynold bajando el perfil—. Son asuntos que no entenderías. Será mejor que vayamos a cenar. Suyen no quedó muy convencida de las palabras de su esposo, sin embargo no dijo nada pues el hombre se veía tranquilo. Mientras en el penthouse Eirian y Orión terminaban de cenar. El castaño fue a la cocina para lavar los platos y dejar todo ordenado, su novio fue a la oficina. Después de terminar de limpiar, el chico fue a su habitación para darse un baño antes de estudiar. Quería relajarse y sacarse de la cabeza el asunto del bebé y la insistencia del padre de Eirian, al menos se quedaba tranquilo pues sabía que su novio no dejaría que Rynold se le acercara. Se sacó las ropas y llenó el jacuzzi, se daría un baño de hidromasaje para relajarse. Cerró el agua y se metió dentro, puso el hidromasaje y cerró los ojos. Habrían pasado tal vez un par de minutos cuando sintió que alguien entraba al agua. Abrió los ojos viendo a Eirian frente a él. —Creí que esperarías hasta más tarde— le dijo Orión con una coqueta sonrisa. El rubio se hizo hacia adelante y lo besó fuerte. —Te necesito ahora— le dijo Eirian sobre sus labios. El castaño respondió de inmediato a esa lujuriosa lengua que se enredaban entre gemidos y saliva. Orión se incorporó para acomodarse sobre el regazo de su futuro esposo, el mayor lo ayudó metiendo suavemente su m*****o. —¡¡Ahh!!— el chico sintió el rico placer embargar su cuerpo—. ¡¡Hah!!. Eirian mordió suavemente una de sus tetillas haciendo sonrojar la blanca piel, el castaño se aferraba a los hombros de su novio disfrutando de las dulces embestidas. El baño se llenaba de vapor y agua que caía por el borde del jacuzzi. Sus labios se unían una y otra vez probando el sabor ajeno, sus pieles húmedas de amor se frotaban lentamente. El rubio sentía su falo ser dulcemente apretado por esas cálidas paredes. —Deseo dar pronto el sí en el altar— le dijo Eirian embistiendo con fuerza. —Yo-también— sonrió Orión. Sus pieles disfrutaban del sentimiento ajeno mientras sus cuerpos llegaban al clímax. Acompasaron sus respiraciones disfrutando del cálido momento. —¿Estás bien?— le preguntó Orión besando su frente—. Te siento algo intranquilo. —Estoy bien— le dijo Eirian colocando su cabeza en el pecho de éste—. Mientras esté contigo, todo estará bien. Aquellas palabras no lograron dejar tranquilo a Orión, el castaño sabía que a su novio le apremiaban las palabras de su padre, después de todo, por lo que hablaron la reunión no estuvo del todo tranquila. No quería que el rubio se estresara más de lo debido, suficiente con la responsabilidad de las empresas y el futuro matrimonio. Pensar en tener un hijo sólo porque el padre quería era una real locura. —Estaremos juntos, sabes que no te dejaré— le dijo Orión besando dulcemente sus labios. Eirian podía encontrar en las palabras de su novio aquel bálsamo que lograba calmarlo. Dio un suspiro y luego le regaló una tranquilizadora sonrisa. Se quedaron unos minutos más en el agua antes de salir. —Iré a terminar mi trabajo— le dijo Eirian una vez estuvieron vestidos. Le dio suave beso. —Yo estudiaré unas horas— dijo Orión. El rubio salió de la habitación dejando a su novio solo. Mientras en el departamento de Kendall, él y Dilan terminaban de hablar con Antonella por una videollamada. Le contaron a la pequeña el plan que tenían para ir a Emiratos con ella y sus dos amigas, pero primero debían hablar con las madres de las niñas para pedir los permisos correspondientes. —No te preocupes papi, yo hablaré con mamá para que me deje ir. En cuanto a Debby y Pía lo hablaré con ellas, se que las tías no tendrán problemas en dejarlas ir cuando sepan que es un matrimonio de billonarios— sonrió la niña que no perdería su oportunidad de viajar con sus mejores amigas y así recopilar información para su historia. Lo que ellas ignoraban era que su libro tendría un shipp más. La niña les lanzó besos y abrazos de buenas noches. Antonella cortó la llamada feliz de saber que tendría una increíbles vacaciones, no perdió tiempo y se dispuso a hablar con sus dos amigas de inmediato. —¿Crees qué tu ex la deje ir?— le preguntó Dilan al mayor. —Antonella es muy inteligente y sabe como convencer a su madre— le dijo Kendall mirando al pelirrojo—. Yo quiero saber cuando hablaremos con tus padres. —Sólo lo haré yo— dijo Dilan con tono suave—. Mis padres no son de mente muy abierta, y te dije que sólo mi hermana sabe. Kendall miró al pelirrojo, entendía que los padres de éste fueran complicados por lo que era más fácil evadir el tema que afrontarlo. Sin embargo su determinación le demostraba que Dilan sí hablaría con ellos, fuera cual fuera el resultado. —No te diré que me des más tiempo, porque llevas suficiente esperando— le dijo el chico colocándose sobre él—. Pensaba ir ésta semana a verlos, hablé con mi hermana y mis padres estarán mañana en casa. —No quiero presionarte, sólo quiero que ellos sepan de mí— le dijo Kendall—. Aunque no me acepten. Dilan le sonrió y le dio un cálido beso, lo que menos quería era que su novio lo pasara mal por culpa de su familia. Después de dejar a su futura pareja, Nicholas retornó al penthouse. Por la hora supuso que su hermano y cuñado ya habrían cenado. Fue a la cocina y buscó algo de comer en el refrigerador, en eso apareció Eirian. —Tardaste— le dijo al mayor—. ¿Fuiste con André?. —No, sólo lo dejé en su casa. Tardé porque me fui pensar un momento— le dijo Nicholas calentando la comida. —¿Sucede algo?. —André no quiere que conozca aún a su familia. Eirian sonrió. —Dale su espacio, tal vez sus padres son algo complicados. Nicholas asintió. —Sí, tienes razón. ¿Y Orión?. —Debe estar terminando de estudiar— dijo mirando su reloj—. Te acompañaré a cenar. —Gracias— le dijo Nicholas mientras se sentaban en la isla de la cocina. Se quedaron un rato conversando de sus padres y el extraño actuar de Rynold por el asunto de los herederos.
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