Capítulo 5: Red de Mentiras.

1813 Palabras
Después de cenar los hermanos Futtaim fueron a descansar, era algo tarde y la semana apenas estaba comenzando. A la mañana siguiente Orión como de costumbre se levantó una hora después que Eirian, fue a darse una ducha y luego se vistió. Esa tarde iría con su novio a hablar con sus abuelos respecto al matrimonio en Emiratos. También sabía que ese día Dilan hablaría con sus padres, y eso era algo que lo tenía un poco preocupado. Terminó de arreglarse y salió de la habitación, bajó al primer piso. En el comedor se encontró con ambos hermanos y Carly que servía el desayuno. —Buenos días— saludó el castaño a todos mientras se sentaba. —Buenos días— respondieron los demás. —Hoy te iré a buscar apenas salgas de clases— le dijo Eirian mirando a su novio. El chico asintió. Nicholas miraba a Carly con una sonrisa, sabía que a su chico le había ido bien avisando que se iría a Emiratos a vivir. Lo que el mayor de los Futtaim ignoraba era la mentira que había dicho André para dar la noticia a sus padres. Al terminar de desayunar, Nicholas fue el primero en retirarse. Iría a buscar a su novio para llevarlo a su trabajo. Orión y Eirian terminaron de arreglarse y salieron del penthouse, afuera se encontraron con Dilan y Kendall. —Buenos días— saludaron el pelirrojo y el mayor. —Buenos días— respondieron los otros dos. Bajaron por el ascensor al estacionamiento, extrañamente esa mañana se le veía a Dilan más callado que de costumbre. Orión sabía que era por el asunto de su familia, al menos Kendall era un hombre comprensivo y no lo ahogaba por eso. Minutos más tarde el BMW y el Audi salían del edificio hacia sus destinos. Durante el camino Dilan no dijo una palabra, a pesar que la visita sería en la tarde no podía evitar tener esa cara. —¿Estarás bien?— le preguntó preocupado Kendall—. Recuerda que hoy tienes exámen. —Lo sé, no te preocupes, estaré bien— le dijo Dilan. Llegaron a la universidad, el pelirrojo le dio un beso a su novio y se bajó del auto. Kendall lo vio entrar y luego se dirigió a la oficina. Detrás de él iba su jefe que acababa de dejar a Orión. Mientras el castaño entraba a la universidad encontrándose con su amigo, el chico se acercó y se cobijó en sus brazos. —¿Qué pasa hoy contigo?— le preguntó Orión. —Sabes que hoy tendré que escuchar lo que evité por tanto tiempo— le dijo Dilan—. Sólo desean que me case con alguna chica y que tenga una familia. Se morirán cuando les diga que salgo hace un año con un hombre mayor, y que soy padrastro porque lo ayudo a cuidar a su hija. El castaño hizo una pequeña sonrisa al escuchar a su amigo llamarse a sí mismo "padrastro". —Escucha, tú dices que sabes lo que te espera con ellos porque los conoces. Sí es tan así, entonces tuviste tiempo para prepararte para sus misiles— lo animó Orión. —Aunque esté preparado, ningún hijo lo está al cien por ciento— le dijo Dilan. El castaño no pudo decir nada, después de todo él tenía todo el apoyo de sus abuelos. Rodeó a su amigo por los hombros y lo atrajo hacia si. —No quiero que estés así todo el día— le dijo Orión con una sonrisa tranquilizadora. Dilan lo miró y le regaló una sonrisa. —Está bien, de todas maneras ya no vivo con ellos— dijo el pelirrojo—. Será mejor que entremos a clases. Nicholas había dejado a André afuera de su trabajo, el pelinegro se soltó el cinturón y se dispuso a bajar. —¿No me contarás cómo te fue?— le preguntó el rubio a su novio—. Creí que me dirías algo en el camino, pero sólo me hablaste de tu trabajo. André lo quedó mirando, sabía que le mentiría con lo que iba a decirle, pero con tal de dejar a Nicholas tranquilo lo haría. —Mis padres no quedaron muy complacidos por la relación con un hombre, pero están conformes al saber que me iré con un billonario a hacer una mejor vida. Y más con saber que mi hermana podrá terminar de estudiar— le mintió con toda naturalidad André—. Algún día los conocerás, espero lo entiendas. Nicholas se acercó y le dio un beso. —Por ahora soy feliz que sepan de mí— le sonrió dulcemente. André corrió la vista y se despidió para luego bajar y entrar al hospital. El pelinegro se sentía pésimo por mentirle a su novio, pero a pesar del tiempo que llevaban aún no creía en la historia del príncipe azul. Si las cosas no resultaban con Nicholas debería volver a Nueva York, y sinceramente no quería volver derrotado. Por eso fue mejor decir a sus padres que sólo iba por trabajo. Tomó compostura y entró al recinto hospitalario. Mientras en el edificio del centro Eirian y Kendall se encontraban en la oficina del rubio. El mayordomo comenzó a hacer unos café. —¿Hablaste con Antonella?— le preguntó el jefe revisando unos documentos. —Sí, y realmente está muy entusiasmada de ir con sus amigas. Dice que quieren material para terminar de escribir su libro. —¿Libro?— preguntó con interés Eirian, le parecía muy bueno que tuvieran un hobby tan interesante—. ¿De qué escriben?. Kendall se quedó callado pensando en si decirle o no a su jefe con respecto a la divina escritura de su hija y las amigas. —¿Kendall?. El mayor se tensó un poco y luego terminar de hacer los café los llevó. Le dio uno a su jefe y luego se sentó frente a él. —Cuando comencé a salir con Dilan me ayudó con los regalos de Antonella, y a ella le gustan los mangas— comenzó a explicar Kendall. —¿Mangas?. —Libros que cuentan historias como versión anime— le dijo el mayor. Eirian asintió. —Bueno, el asunto es que a ella y sus amigas les gusta un tipo de manga en particular— le dijo Kendall tratando de buscar las mejores palabras—. Son historias románticas entre hombres. El rubio miró a su guardaespaldas con rostro inexpresivo. —Entonces— dijo Eirian tratando de entender. —Espero no se enoje, son sólo hobbies de niñas, pero ellas escriben de nosotros. El menor de los Futtaim no se imaginó una historia escrita por las niñas y hablando de ellos, ¿qué escribirían?. —¿Haz leído alguna vez alguna de sus historias?. —En realidad no— le dijo Kendall—. Apenas me enteré hace poco de que escribe. Eirian no pudo evitar sonreír algo que sorprendió al mayor. —Bien, espero algún día leer ese libro— dijo el rubio regresando a su trabajo. En esos momentos abrían la puerta, era Nicholas. —Llegué— sonrió Nico. Cerró la puerta y se dirigió al sillón, se sentó. —¿Café señor?— le ofreció Kendall colocándose de pie. —Gracias Ken— le dijo Nicholas. Esa mañana se dispusieron a trabajar para ver las ventas de la semana, Nicholas y Eirian estaban esperando a que llegaran sus padres, seguramente irían para ver los últimos detalles ya que viajaban al día siguiente. Lejos de ahí, en el hotel se encontraban Suyen y Rynold terminando de desayunar. Esa mañana el mayor estaba más callado y pensativo que de costumbre. —Hoy hablaré con nuestros hijos para ver quiénes serán los invitados al matrimonio. Eirian fue claro en decir que sólo quiere a los más cercanos, lo cuál lo encuentro razonable. Aunque sabes que habrán muchos que querrán venir, en realidad no lo sé— terminó de decir la mujer mirando a su esposo, éste no dijo nada—. ¿Me estás escuchando?. —¿Qué?— Rynold recién conectaba con la tierra—. ¿Decías algo?. Suyen frunció levemente el ceño. —¿Qué pasa contigo?— le dijo molesta su mujer—. Haz estado extraño desde que viajamos a Nueva York, y las cosas estaban raras de antes. ¿Me puedes expicar qué te pasa?. Rynold miró a su mujer y por el amor y el tiempo que llevaban juntos no podía decir nada. Lo que menos quería era ver a su esposa sufriendo por una negligencia suya. —Estoy bien cielo— le mintió el hombre con una fingida sonrisa—. Sólo tengo los pensamientos en nuestra familia y el matrimonio de nuestro hijo. Sólo espero que todo salga bien. Suyen sintió que su marido algo le ocultaba, sin embargo no quería seguir presionándolo. —Bien, entonces terminemos para ir a la oficina de Eirian— le dijo su mujer. —Yo iré después, necesito terminar con unos documentos aprovechando que estamos en Nueva York— le dijo Rynold. —Está bien. Mientras en la universidad, los chicos estaban en un exámen de medicina. Dilan se encontraba algo complicado con su hoja, miraba las preguntas y las sabía pero era como si no entendiera. Había estudiado, pero la preocupación por tener que enfrentar la verdad con sus padres le tenían la cabeza perdida. Al verlo así Orión le dio un codazo para que espabilara. —Lo siento— susurró el pelirrojo. Respiró hondo y calmó su mente. No había mucho que pudiera hacer, pero debía entender que estaba en clases y que aquello sería su futuro. Con eso en mente se dispuso a responder el exámen. Habían pasado casi dos horas, el profesor dio por terminado el difícil cuestionario que los tuvo con las neuronas al rojo vivo. —¿Alcanzaste a responder bien?— le preguntó Orión a su amigo. —Sí, lo lamento, tenía la cabeza en las nubes. Pero gracias a ti pude responder, creo que me irá bien— sonrió Dilan. Mientras el profesor ordenaba los exámanes, los alumnos se relajaron un momento antes del inicio de la clase siguiente. De pronto tocaron la puerta, era una docente. —Mis disculpas profesor Landon, pero necesitan al joven Orión Coglan para que vaya a la sala de reuniones— dijo la mujer. Al escuchar su nombre Orión y Dilan se miraron con algo de curiosidad. El castaño se levantó de su asiento y siguió a la docente fuera del salón. Caminaron por el pasillo hasta llegar a la sala de reuniones, ahí la mujer le abrió la puerta para que el chico entrara. El castaño hizo caso y pasó hacia una sala con unas mesas y unos sillones, un hombre se levantó para recibirlo. —Hola Orión. —Señor Rynold.
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