Orión se quedó pasmado por largos segundos mirando al hombre frente suyo. De todas las maneras posibles, nunca se imaginó que el padre de su futuro esposo lo vería en la universidad. Estaba claro que Eirian desconocía aquella visita.
—No me mires con ese rostro, no vine a pelear— le dijo amablemente Rynold—. Sólo necesito conversar contigo de algo importante.
—Mis disculpas— dijo Orión algo avergonzado, ni cuenta se dio con que cara estaba mirando a su suegro.
Rynold lo invitó a sentarse, ambos se acomodaron en los sillones frente a frente.
—Lamento haber venido sin avisar— le dijo el mayor.
—No se preocupe— guardó silencio por algunos segundos—. ¿Eirian sabe qué está usted aquí?.
—No— dijo Rynold—. Y no tiene que saber.
Orión sintió que el estómago se le apretaba ¿Cómo se supone qué iba a mentirle a su novio?, comenzó a pensar el calvario que sería vivir con eso.
—Orión, necesito que me escuches con mucha atención. Lo que aquí voy a revelarte debe quedar en estas cuatro paredes— comenzó Rynold, el castaño se tensó el doble—. Hay más de una razón importante para mi exigencia de un heredero.
El chico iba a abrir la boca, pero por la educación obviamente esperó a que primero terminara de hablar para él darle sus puntos de vista.
—Meses antes de venir a Nueva York se me presentó un negocio, uno muy grande e incluso rentable. Las personas que me lo ofrecieron eran negociantes de este de Europa. Sinceramente me entusiasmó la idea de subir los números de la familia con rápidez. Firmé los documentos después de unas cuantas reuniones con su gente, pero las cosas no fueron lo que pensé.
Orión comenzó a pensar en que problema se habría metido su suegro como para pedirle ayuda.
—Pasaron un par de semanas, y comencé a recibir extrañas llamadas, incluso visitantes que me amenazaban. Mi esposa y la familia nunca se enteró porque todo esto sucedió en mis oficinas personales— explicó Rynold—. Luego de eso puse a todo mi equipo a investigar y resultó ser que eran poderosos mafiosos que quieren el capital de la familia. Si no se los doy, matarán a todos.
Orión palideció de golpe.
—Puse a todos mis hombres a proteger a la familia y los alrededores de la casa. Me vi en la obligación de sacar a Eirian del país diciéndole que se haría cargo de los negocios de Nueva York. Seguido a eso le pedí a Nicholas que también viniera. La mafia está decidida a matar a los miembros hombres para que no lleven el apellido Futtaim.
—¿Y qué sucede con Linsai?— preguntó el castaño.
Aquella pregunta sorprendió a Rynold, que a pesar de lo mala que fue su hija con él, aún así Orión se preocupaba por ella.
—Por ahora es la más protegida, porque tiene una hija por lo que el apellido se pierde— le explicó el mayor. Lo que ellos quieren es derrocar el imperio Futtaim, nuestra familia es la que cuida y abastece al país en conjunto con los Jeque.
El castaño comenzó a preguntarse en que se había metido, pero era tan grande el amor que tenía por Eirian que sería capaz de ayudar en todo lo que fuera a su suegro.
—Usted me dice que lleva varios meses lidiando con esto. Puede que aún tengamos tiempo de detener todo esto.
Rynold miró al chico y puso rostro triste.
—Tiempo es lo que no me queda Orión— levantó la vista para verlo—. Hay algo más que debes saber.
La hora del almuerzo había llegado, Dilan miraba una y otra vez la puerta del salón, su amigo ya se había perdido las dos horas de las clases de la mañana. ¿Con quién podría estar hablando que le llevara tanto tiempo?.
De pronto la puerta se abrió y Orión entró con un rostro que le llegaba al suelo, ahora si el pelirrojo se preocupó. El timbre del almuerzo sonó y los alumnos comenzaron a salir, una vez solos Dilan tomó a su amigo por un brazo antes que saliera.
—Un momento— le dijo el pelirrojo—. Llegaste después de dos horas, vienes con un rostro imposible, ¿y no vas a decirme nada?.
Orión miró a su amigo, lo que vio el pelirrojo en aquellos ojos fue una fuerte determinación.
—Tendré un bebé— fue todo lo que dijo el castaño tomando su mochila para salir. Dilan se quedó con el rostro pasmado completamente sorprendido. Agarró su mochila y salió a toda carrera siguiendo a su amigo.
Lo encontró en el pasillo.
—Espera, espera, espera— le dijo el pelirrojo tapando el camino—. ¿Era el padre de Eirian?. ¿Él te obligó?.
—Nada de eso— Orión miró a su amigo y a pesar que confiaba en él no podía decir nada. Había hecho un pacto con su suegro de silencio. Lo tomó por los hombros para mirarlo a los ojos— Dilan no puedo contarte nada de lo que hablé con el señor Rynold, ni siquiera Eirian se debe enterar.
El pelirrojo quedó más preocupado, ¿qué habría pasado en esa reunión?.
—Lo único que puedo decirte es que debo ayudar a la familia Futtaim, y la manera será dándole un herededo.
—¿Te estás escuchando?, ¿qué carajos le dirás a Eirian?.
—No lo sé, aún no pienso en ello— le dijo Orión—. Algo se me ocurrirá, aún tengo tiempo antes del matrimonio.
—El tiempo no lo tienes— le dijo Dilan.
Aquellas palabras resonaron como las de su suegro.
—No lo sé, pero algo tengo que hacer— dijo el castaño—. Lo único que te pediré es que confíes en mí y que no le cuentes a nadie que el padre de Eirian vino a la universidad.
Dilan miró a su amigo, aún no entendía que pasaba por su cabeza pero si no podía revelar nada, entonces sería mejor no dejarlo solo.
—Sabes que cuentas conmigo para todo— le sonrió el pelirrojo—. Sea lo que sea que estés pensando te apoyaré.
—Gracias.
En un cómplice silencio se dirigieron al comedor para almorzar. Ahora la preocupación de hablar con sus padres había pasado a segundo plano. Ver a Orión así realmente lo preocupaba.
Las horas del día fueron pasando y finalmente la jornada de estudios llegaba a su fin. Orión y Dilan salieron de la universidad, afuera los esperaban sus novios.
—Bien, te veré mañana— se despidió el castaño—. Suerte con tus padres.
—Gracias— le dijo su amigo—. Tú también cuídate.
El chico sonrió y se fue hacia el BWM, se subió saludando a su novio con toda normalidad. Su conversación de retorno a casa giró en torno a sus días laborales y de estudio. Orión trató de dejar de pensar en la visita que tuvo y en el problema que se le avecinaba.
Mientras en el Audi, Dilan y Kendall se dirigían a casa del pelirrojo. El chico había estado verborreico, algo que extrañó al mayor pues su novio estuvo muy callado en la mañana. Tal vez se sentía nervioso y por eso hablaba sin parar. Se detuvieron frente a la casa.
—¿Estás seguro qué estarás bien?— le preguntó Kendall algo preocupado.
—Te llamaré apenas salga de aquí— le dijo Dilan con una sonrisa—. No será una conversación precisamente larga— se acercó a su novio y le dio un beso—. Si llamas a Antonella le das mis cariños.
—Por supuesto— le sonrió Kendall.
Dilan se bajó del Audi y caminó hacia su casa. Al golpear su hermana menor abrió la puerta, al verlo se abalanzó a sus brazos.
—Te estábamos esperando— le dijo la chica.
El pelirrojo asintió y ambos entraron. Los padres se encontraban en el living sentados con algunos bocadillos sobre la mesa de centro. Su hija les había avisado que Dilan vendría a hablar con ellos, por lo que supusieron el chico les contaría que tenía novia y estaba viviendo con ella. Algo de razón había en ello, pero no del todo.
—Hola— les saludó Dilan apenas entró.
—Bienvenido— le sonrió su madre, el padre también saludó con una sonrisa.
Se sentaron, la hermana del pelirrojo se quedó a su lado.
—Amanda nos dijo que querías hablar con nosotros— le dijo su padre.
Dilan sintió que el estómago se le subía al cuello.
—Sí, hay algo que quiero decirles.
—¿Tienes novia?— preguntó su madre con alegría.
Ambos hermanos se quedaron mirando. Dilan le sonrió a Amanda para que estuviera tranquila.
—Sí estoy en una relación hace un año, y vivo con esta persona. Tiene una hija de trece años— continuó el pelirrojo sin detenerse—. Él tiene treinta años, es guardaespaldas de un billonario y se llama Kendall— terminó de decir con el último hilo de aire que le quedaba.
Los padres de Dilan se quedaron con la boca abierta, su hermana le apretó la mano para que no tuviera miedo. El padre de familia se levantó rojo, en sus ojos se notaba el coraje y la decepción hacia su hijo.
—Fuera de mí casa— le dijo el hombre—. ¡Y no vuelvas!.
—¡No puedes hacerle esto a mi hermano!— le gritó Amanda a su padre sin importarle el tono que usó.
—¡Tú no te metas!— le dijo el hombre.
La madre estaba en shock por lo que no decía nada, en su mente miserable pensaba según ella "en qué se habrían equivocado".
Dilan tomó a su hermana de una mano y sin decir nada se la llevó a la puerta de salida. Amanda iba llorando.
—¡No quiero qué te vayas!, ¡no quiero qué me dejes!.
Salieron de la casa, el chico tomó las manos de su hermana y la miró al rostro. Le sonrió.
—Jamás te dejaré sola— le dijo Dilan—. Ya eres mayor de edad y puedes visitarme cuando quieras, es más puedo venir a buscarte y te llevaré de paseo.
La chica lo abrazó y se hundió en su pecho dejando que las lágrimas lograran lavar algo esa tristeza.
—Bien, te iré a ver y me presentarás a Kendall— le sonrió Amanda limpiando sus lágrimas—. Somos hermanos y me tendrás siempre, te amo Dilan— lo abrazó.
—Y yo a ti— el pelirrojo le dio un abrazo y un beso en la frente—. Ve adentro.
Amanda hizo caso y vio como su hermano se despedía a los lejos. Dilan no quizo llamar a Kendall, por ahora quería estar solo. Caminó por las calles iluminadas por los postes hacia rumbo desconocido.