Pasaban de las diez de la noche, Dilan se encontraba en un mirador observando las luces de la ciudad a lo lejos. Su mente divagaba en las frías palabras de su padre y la arturdida mirada de su madre que no fue capaz de decir nada. Lo peor era sentir la tristeza de su hermana, Amanda lo dejó con el corazón destrozado, pues su hermana era su gran amiga. Tenía su celular en silencio, por lo que supuso tendría miles de llamadas de Kendall y Orión, pero su tristeza era mayor y por ahora la soledad era su mejor compañía. En el edificio del penthouse las cosas no estaban tranquilas, Orión no dejaba de llamar a su amigo después de enterarse que Kendall había salido a buscarlo. A nadie le respondía, y el castaño estaba realmente preocupado pues sabía que el padre de Dilan podía ser muy duro. —Tra

