La limusina avanzó por las calles, hasta que finalmente llegaban a un lugar resindencial con bellas mansiones. El vehículo se detuvo frente a una, Carly tenía una sonrisa que le daba vuelta el rostro. La pelinegra se imaginaba viviendo como una hermosa princesa. —¡No puedo creerlo!— gritó la chica. André estaba feliz de ver a su hermana con ese radiante rostro, el pelinegro miraba la enorme casa, de ella salía un mayordomo, y una chica muy linda que seguramente era encargada de la limpieza. —¿Ella quién es?— preguntó André a su novio. Nicholas miró por la ventana viendo a los empleados. —Deben ser los que cuidan la casa— le dijo el rubio con desinterés. Carly notó de inmediato que a su hermano no le había gustado la chica de la limpieza, ni la pelinegra podía culparlo la joven era mu

