Kaleb
El mismo día que junto a Wendy e Irene pensábamos en cómo debería decirle a Leah que deseaba invitarla a pasar un momento agradable conmigo, me atreví a enviarle un mensaje en la noche a pesar de mi nerviosismo.
Por fortuna, ella aceptó venir a mi domicilio hoy así que en este instante me encontraba revisando que todo estuviera perfecto para cuando llegara. Mientras acomodaba las copas en la mesa, recordé algo que viví con mi ex esposa.
— ¡Me pregunto a cada momento por qué demonios necesitas que cenemos juntos al menos una vez por semana! ¿Qué no te das cuenta que también tengo muchas cosas que hacer? ¿Acaso crees que por ser tu esposa no tengo una vida fuera de casa? —Alzó su tono de voz al entrar a casa y notar que había preparado la cena para ambos.
—No es eso Elodie, pero estamos casados y necesitamos tener momentos íntimo seguidos porque de eso se trata una relación sana de pareja —Le dije tratando de no perder los estribos. Ya era la segunda vez que me decía cosas de este tipo al notar que quería pasar tiempo juntos.
—Si te refieres a tener sexo, pues no estoy interesada en eso por el momento —encendió un cigarrillo luego de liberarse de sus tacones y tirarlos por algún lugar de la sala.
—No me refiero a eso Elodie. La intimidad de una pareja no se refiere nada más a las relaciones sexuales, sino a todas aquellas actividades que pueden realizar a solas...Como tomar una ducha, mostrarse tal y cómo son sin llevar nada de maquillaje, vestirse cómo quieran...
—Vaya, qué romántico —Rodó los ojos y allí fue cuando me descontrolé.
— ¿Sabes algo, Elodie? —Grité haciendo que se exaltara.
— ¡A mí no me grites! ¡No puedes hacer lo qué se te venga en gana cada vez y cuando sin mí autorización! —Se puso de pie.
— ¡Me tienes completamente harto en todo el maldito sentido de la estúpida palabra! —Me alejé de ella tratando por un sólo segundo de recuperar la cordura pero, ya era demasiado tarde puesto que he estado aguantando lo mismo por mucho tiempo—Estoy harto de tus estúpidas actitudes...No haces nada más que pasártela gastando el dinero que tanto me ha costado ganarlo, incluso vives comprándoles cosas a tus amigas...Ni siquiera yo gasto mi propio dinero de tal manera.
— ¿Qué no se supone que soy tu esposa? ¿Qué no te casaste conmigo para darme todo lo que quisiera o necesitara? Vaya, sabiendo eso no me habría casado contigo en un inicio —Bien, esto terminó con el cariño que le tenía a mi dichosa esposa.
— ¿O sea qué no te habrías casado conmigo de saber qué te pondría un límite respecto al dinero que gastas en compras? ¡Elodie, lo que haces es abusivo sin más! ¿Quieres saber cuánto has gastado en el último mes o no lo sabes por qué no es tu dinero y no te interesa ni un poco?
—La verdad me vale un comino la cantidad de dinero que sea, a fin de cuentas tengo el derecho de hacerlo ¿No te parece, Kaleb?
— ¡Has gastado cincuenta mil dólares en treinta días! ¿Te volviste loca o es qué tu cerebro ya no funciona más luego de todas esas mierdas que vives inyectándote? —Bramé.
— ¡Cierra la boca, maldita sea! ¡Es mi problema si gasto o no gasto cincuenta mil dólares en treinta o en dos días...Qué te importa, imbécil.
— ¿Sabes algo, Elodie? Yo te amaba, lo hacía fuertemente pero, tus actitudes tan horribles hicieron que todo ese enorme cariño que sentía por ti desapareciera de un momento a otro. Ni siquiera sé por qué gastas mi dinero cuando tu familia es millonaria y podrías comprar lo que quisieras sin necesidad de molestarme. Tu patrimonio es mucho mayor que el mío y no cambiará así yo siga trabajando durantes años y años. Este matrimonio se ha vuelto un completo y decepcionante desastre, entre nosotros dos ya no queda ni un poco de amor y respeto...Si es así ¿Por qué seguimos estando casados? Para ti, es un verdadero fastidio tener que verme cuando llegas a casa y aunque yo siga intentando que nuestro amor no se apague, es inevitable. No tienes sentimientos por mí, y yo ya me he hartado de ti. Así que quiero divorciarme de ti.
—¡Ay, no me digas idiota! ¡Qué gran noticia! —Aplaudió mientras reía, qué cínica lucía.
—Y entonces, digo qué ya no quiero permanecer casado contigo ni por un día más...Merezco tener a alguien mejor que reconozca lo que yo he hecho por ella y le agrade los detalles qué le ofrezco. Necesito a alguien que corresponda mi amor, que siempre es honesto.
—Tú no haces nada más que hablar de esas estupideces del amor...Como si eso fuera suficiente para quedarse con una persona por el resto de la vida.
—El amor que existe entre dos personas es más que sufiente, claro que permanecen juntos al aceptar al otro como es y superar todos los problemas que pueden presentarse...
—Si el amor es más que suficiente ¿Por qué razón es qué quieres que nos divorciemos?
—Aquí, entre tú y yo, ya no queda casi nada. Personalmente, no quiero continuar viviendo con alguien que no siente lo mismo que yo sabiendo que allá afuera puede haber alguien mejor que tú para mí. Has tenido el descaro de tratarme mal cuando yo hice varias cosas por ti mientras éramos novios.
—Dime, si es así, qué es lo que hecho por mí.
—Por si lo has olvidado por completo, cuando te conocí estabas metida en aquel mundo lleno de vicios...Te la pasabas drogándote noche y día incluso lo hacías conmigo presente. Todo el mundo contaba que te acostabas con cualquier hombre que se te aparecía en alguna de las horrorosas discotecas a las que asistías.
— ¿Y qué si me acostaba con cualquier hombre? Es mi problema con quién quiero tener relaciones sexuales.
—Obviamente es tu problema, no obstante tú lo hacías mientras éramos pareja.
—Lo sabías bien, Kaleb, y aun así te casaste conmigo.
—Lo hice debido a que era un idiota, un completo imbécil...Pero ya no quiero seguirlo siendo más. Tú actúas como si no tuvieras esposo, al mismo tiempo que yo te soy cien por ciento fiel.
—La verdad no me interesa ni un poco...
—No pienso ni quiero continuar hablando contigo cuando mi decisión no va a cambiar, así que ya sabes que deseo el divorcio para liberarme de todas las molestias que me causas día tras día.
—Bien, cómo sea...Simplemente me avisarás cuando deba firmar y estaremos separados de una vez por todas.
—De acuerdo, esto es algo que nos conviene a ambos.
No diré que no es doloroso que la otra persona, a quién amas con sinceridad, no sepa aceptar o agradecer todo lo que le ofreces por amor. Conocí a Elodie al tener veinte años, tuvimos un noviazgo de cinco años y estuvimos casados por dos. Sin embargo, a veces tenemos que equivocarnos fuertemente y sufrir incontables veces para entender lo qué nos merecemos para ser felices.
Buenas noches Kaleb, ya he llegado a su casa.
Sonreí enormemente el mensaje y me eché un poco de perfume antes de abrir la puerta y bajar hasta el jardín, en donde solté un pesado suspiro antes de abrir la puerta:
—Buenas noches Leah, qué bueno es verla de nuevo —le sonreí perdiéndome en su preciosa mirada. Hoy llevaba un pantalón azul jean y una blusa blanca bastante sencilla, me sorprendió el notar que no lleva ni un poco de maquillaje, Sin él, es todavía más hermosa— Luce muy preciosa hoy también.
—Muchas gracias, puede tratarme de manera informal si desea ahora que nos estamos conociendo más —Rió entrando y observando el jardín.
—Está bien, empezaré a tratarte de forma informal ahora.
—Gracias, así me gusta más —sonrió, qué bonita se ve— Me pregunto cómo has estado durante estas últimas dos semanas...
—Yo he estado muy bien, gracias por preguntarme. El trabajo se ha vuelto menos pesado ya que salieron los nuevos productos, por lo que he tenido un poco más de tiempo libre. También pude ver la ceremonia en la qué recibiste el premio, el discurso no ha podido ser más perfecto.
—Vaya, muchísimas gracias. Me costó mucho pensar en cuáles serían las palabras adecuadas y luego elegirlas, al final opté por dirigirme a los niños y niñas.
—Has demostrado la maravillosa persona que eres. Tú eres un orgullo para tu país al igual que para tu familia
—Pues para mi familia no tanto —me dio una mirada triste— Tengo una mala relación con ellos, a excepción de mi hermano Dan.
—Lo siento mucho...Yo, no lo sabía.
—No pasa nada Kaleb, ha sido siempre de esa forma por las actitudes abusivas que tienen...Cuándo era niña no les importaba ni un poco las cosas que me pasaban, y al volverme famosa sólo quisieron gastar el dinero qué me costó ganar.
—Mi ex esposa hizo lo mismo conmigo también..Pero entra, no quiero que tengas frío así que te contaré la historia adentro —Le ofrecí y asintió.
—Gracias, tienes una casa muy linda por cierto.
—Muchas gracias, sigue por favor —le respondí abriendo la puerta y haciendo que subiese hasta el segundo piso.
— ¿Puedo usar el baño? Me lastimé el pecho hace días y necesito revisarme, espero no te moleste.
—Claro, puedes usar el baño Leah. No me molesta en lo absoluto, si quieres puedo ayudarte en revisar la herida.
—No necesitas preocuparte, sí puedo verla sola —Rió nerviosa y se dirigió al baño. Qué tonto has sido Kaleb, no sé por qué se te ha ocurrido decirle aquello cuándo mencionó que la herida se encuentra en el pecho.
En el tiempo que se demoró en el baño, serví la cena y le envié un mensaje a Wendy:
Wen, ella ya está aquí. Luce preciosísima y todavía más sin maquillaje.
¡Felicidades, mi amor! Centra tu atención en ella, en la noche o madrugada iré a tu casa y me contarás todo.
Bien, te lo cuento luego entonces.
Leah salió del baño con una sonrisa mientras tarareaba una canción, mi corazón latió más rápido al verla:
—Preciosa, ven y siéntate por favor —Tomé la silla con el objetivo de darle inicio a nuestra maravillosa velada.
—Te lo agradezco, Kaleb —Acomodó un mechón de cabello detrás de su oreja— Oh, qué amable has sido preparando todo esto.
—Una mujer tan bonita cómo tú, debe ser tratada bien y esta cena es poco a todo lo que te mereces.
—Oh, gracias Kaleb. Me has hecho sonrojar —ocultó su rostro entre sus manos.
—Leah...Hay algo que quiero decirte —suspiré nervioso, sin embargo lo mejor es contarle que ya lo conocía desde la primera vez que la vi en aquella colina. Necesito se sincero con ella.
—Oh, no sé sobre qué debe ser...
—Hay algo qué me encantaría decirte, quiero ser honesto contigo desde el primer momento —tomé su mano delicadamente y sentí como se sé estremecía.
—Dime, Kaleb —sus ojos eran como un mar profundo en el que anhelo perderme a cada instante.
—La primera vez que te conocí no fue la noche de la cena o en medio de la presentación de tu libro, sino que te vi en medio de aquella colina que sueles visitar. Yo descubrí ese lugar hace un tiempo y una de las noches que volví, te observé atentamente y me causaste mucha curiosidad. Pensé que tu rostro era hermoso, demasiado, y parecías ser una mujer dura. Eres un poco misteriosa y tus labios me atraen, así que te recordé como la mujer de la pluma porque solías cargar una.
No supe descifrar su rostro, probablemente era confusión. Tuve miedo por un momento, sin embargo eso desapareció al verla riendo con fuerza.
— ¡Qué dicha, qué dicha! —Aplaudió un par de veces, y tapó su boca lentamente para continuar riendo— ¡Me parece tan extraordinario!
— ¿Qué? ¿Lo dices en serio?
—Por supuesto que lo digo en verdad, la historia que me has contado es como un libro...¿Qué tal si escribo uno basado en tu experiencia?
—Te doy el permiso Leah...
—No me molesta en lo absoluto, es más te agradezco por haber confiado en mí.
—Aprovecharé para decirte que me gustaría seguir viéndote.
—Me alegra oírlo...Un placer conocerte y entrar a tu vida si me lo permites.
—Entra mi vida que te abro la puerta —bromeé.
—Eres un encanto, corazón —soltó mi mano para volver a acomodar su cabello— ¿Sabes? Me pregunto si vas a compartirme cómo fue tu historia con tu esposa.
— ¿En serio te gustaría conocer la historia? —Me sorprendí.
—Por supuesto, me llama la atención....Claro, tú me lo cuentas si te sientes bien con ello.
—Te lo contaré sin problema —me preparé para empezar— Ella se llama Elodie y la conocí al tener veinte años, tuve una relación con ella por cinco años y nuestro matrimonio duró dos. Ahora que soy más maduro que antes y pienso en todo con mayor hondura sé que hice mal.
— ¿Por qué existe mal? Tú sólo te enamoraste, eso está bien Kaleb.
—El inconveniente fue que al conocerla, tenía muchos vicios y mantenía relaciones sexuales con cualquier hombre que estuviera a su lado en alguna fiesta incluso mientras éramos pareja. Yo cegado por el amor que sentía, lo ignoré por completo y continúe con mi idea de casarme con ella.
— ¿Y al casarse, cambió o no lo hizo?
—Por supuesto que no, lo único que fue diferente es que ella dejó las drogas y el alcohol. No obstante, obtuvo otra vicio: Gastar miles y miles de dólares en ella y en otras personas.
—Se convirtió en alguien abusivo ¿Cierto?
—Evidentemente —La vi asentir con preocupación de seguir escuchándome— Ella nunca me quiso y jamás me di cuenta de ello, lástimosamente. No tuvo una actitud amorosa conmigo ni durante nuestro noviazgo ni en el matrimonio, así que llegó un momento en el qué me cansé y le pedí el divorcio.
— ¿Hace cuánto fue?
—Me divorcé de ella hace más de dos años, no volví a verla ni a saber nada de ella.
—Sea como sea, me alegra que le hayas dado fin a esa relación que no te ayudaba en nada. No tenías por qué quedarte con ella, si puedes conocer a una mejor persona que te amará de forma recíproca. No hay razón aparente para atarte a una persona que solo puede hacerte daño.
—Ya sé, muchas gracias. Te preguntaría tus experiencias amorosas, aunque sé bien que no has tenido ninguna.
—Confío en que las cosas llegan en el momento indicado. Todo a su tiempo, es así como me gusta.
—Y de pronto, llegan personas que prometen iluminar tu corazón y tu vida como nunca nadie ha hecho.
Bajó la cabeza avergonzada al escuchar mis palabras, sonreí. Estoy dispuesto a conquistar su corazón.