Dale... Solitaria en la noche. El traqueteo de unas maderas chirriando te despierta. Unos golpes acompasados contra la pared, captan todo tu interés. Unos ahogados gruñidos de esfuerzo, despiertan tu morbosa curiosidad. Pero unos grititos de placer, simplemente joden. Tú te enfadas. Sabes que lo que no te deja dormir no es el ruido, sino la envidia. Te gustaría ser tú la que se está abriendo de piernas ante un bombeante cilindro de carne. Te gustaría ser tú la que saborea sin parar ese embutido masculino mientras masajea unos peludos y endurecidos testículos. Te gustaría ser tú la que araña una espalda y muerde un cuello a causa del escozor que están provocando en tu entrepierna. Pero no eres tú, es tu compañera de piso. Lo que no envidias es la excitación y la humedad en las in

