El dolor de cabeza era espantoso. Todo me daba vueltas y sentía que mi cráneo iba a estallar en cualquier momento. Me costó abrir los ojos, tuve que parpadear varias veces para poder conseguirlo. Entonces, de a poco, las sensaciones físicas comenzaron a volverse cada vez más fuertes. La estela aguda y punzante me recorría desde la nuca hasta los hombros, los cuales acumulaban tensión por la posición tan incómoda en la que me encontraba, con fuertes sogas atadas alrededor de las muñecas, las cuales estaban sujetas a dos postes metálicos; obligando a mis manos a permanecer suspendidas a los costados de mi cuerpo. Mis piernas, mientras tanto, estaban flexionadas en el piso y no tenía nada dónde apoyar la espalda. Mientras mi vista aún se aclaraba, comencé a identificar mi entorno. Era un es

