Punto de vista HELENA Lo había dejado solo en su despacho; ya había tenido suficiente. Me fui a mi hogar… o al menos eso creía hasta que él lo descubrió. El timbre sonó con insistencia. Gruñí entre dientes: ya tenía bastante con Octavio sospechando que se movían cosas a sus espaldas como para sumarle a Gaspar. Volvió a sonar, más fuerte. ¿Acaso no tenía otro lugar al que ir? Abrí la puerta y, antes de que pudiera reprocharle nada, se lanzó a mi boca sin pedir permiso. Claro, cuando el señor Gaspar Doménech pide permiso para algo… Me soltó y entró como si mi casa ya fuera suya. Y lo peor es que, en silencio, me alegraba de que estuviera aquí y no en otro sitio. Porque eso significaba que me elegía a mí antes que a la modelo fantasma que le habían impuesto como prometida. Desde aquella n

