Punto de HELENA El despacho de Gaspar siempre había tenido ese aura de control absoluto: madera oscura, orden milimétrico, aroma a café fuerte y a decisiones irrevocables. Pero esa mañana… el ambiente era distinto. Porque ella estaba allí. Y él también. Sin máscaras. Sin ese muro helado de orgullo entre ambos. Gaspar estaba revisando un contrato cuando Helena entró. No levantó la vista de inmediato; solo dijo: —Cierra la puerta. Esto va a ser largo. Ella obedeció, aunque un estremecimiento la recorrió al escuchar ese tono. Serio. Concentrado. Pero también… íntimo. Helena dejó los documentos sobre la mesa. —Hay un error en la proyección de riesgos —dijo—. Uno de los consejeros está maniobrando para blindar a Isadora. Gaspar levantó por fin la mirada. Y la observó. Esa mira

