Capítulo 4

1285 Palabras
-Hola hermanita -gritó por el auricular del móvil en cuanto escuchó su voz. Tenía mucho tiempo sin verla, y tenía grandes noticias por darle en cuanto llegue - ¡Hey bobo! Me dejaras sorda un día de estos ¿Como estas? -escucha atentamente a Diana con una sonrisa en los labios mientras cruza la calle abarrotada de gente. -Bien, enana ¿me extrañas? -Si, mucho ¿cuando regresas de tus vacaciones? -Pronto, te tengo una sorpresa - ¿Sorpresa? ¿Cuál? -la imagina saltando por la emoción como cuando era pequeña, con la sonrisa más bella que haya visto en su vida, bueno la segunda el primer lugar se lo llevaba una chica curvilínea que tenía tiempo sin ver. ¿Cómo estará? Lo último que supo de ella fue que estaba en París. Después de terminar la Universidad se le presentó una oportunidad difícil de rechazar. Un buen empleo y la oportunidad de seguir  preparándose en su maestría. Así que sin pensarlo dos veces preparó sus cosas para irse al extranjero dejando atrás los estúpidos sentimientos que comenzaba a sentir por aquella chica. -Si te cuento no sería sorpresa -sube los últimos escalones que lo alejan de la puerta, estira su brazo para tocar el timbre. -Espera Alex tocan el timbre, Miranda ¿Puedes abrir? -Espera dijiste..... -la puerta se abre mostrando a una hermosa mujer de ojos verdes, si la veía en la calle no sería capaz de reconocerla estaba tan... Hermosa -Miranda -pasa su mirada por el cuerpo de la chica -estas... Cambiada. -Hola Alejandro, gracias y tu estas …-le da un vistazo rápido -Igual a como te recuerdo -sonríe tímidamente -Pasa -le invita con sus mano, cierra la puerta detrás de él. -¡Alex! Por dios estás aquí, no sabes cuanto te extrañe -corre a colgarse a su cuello -Mis dos personas favoritas aquí, soy tan feliz. -Enana dame espacio, necesito respirar -deshace su abrazo para mirar disimuladamente a la amiga de su hermana. -¿Te quedas a cenar? -le pone cara de perrito triste. Dedica una mirada fugaz a Miranda que no deja de ver a su celular, maldita sea ¿por qué no lo ve? ¿Acaso no le sorprendió verlo? ¿No le causó el mismo efecto o que ella a él? -¡Claro! ¿Qué quieren cenar las damas? -sonríe en complicidad con Miranda a ella le encantaba que él le dijera así. -No cuenten conmigo, tengo otro planes -camina al sofá por su bolso, si él creía que era la misma niña estúpida que con dos palabritas lindas caía a sus brazos estaba muy equivocado. -No, quédate si te disgusta mi presencia soy yo el que se retira, ustedes tienen mucho por platicar. -le guiña el ojo a su hermana. — ¡NI SE TE OCURRA SALIR DE AQUÍ! -levanta la voz Diana al ver a su hermano dispuesto a retirarse ¿que no entendían que ellos eran su familia? -Quiero estar con mi familia y eso los involucra a los dos así que vamos a cenar juntos. -Ordena Diana observando con curiosidad a los dos, se ven como si fueran ex, se veían tensos. Después de la cena y una película Alejandro checa su reloj, era tarde y todavía no había hablado a Olivia para avisar que llegó bien. -Bueno mis queridas damas yo me paso a retirar, es tarde y mañana tengo que madrugar. -Esta bien Alex ¿vas para tu departamento? -Diana amablemente le ayuda a ponerse su abrigo. -Sí, enana voy para el depa ¿por qué la pregunta? -se abrocha el abrigo. -Lleva a Miranda a su casa, te queda de paso. -le pide inocentemente. - ¡NO! No es necesario, puedo tomar un taxi -niega con la cabeza, lo menos que ella quería era pasar tiempo a solas con él. -¡CLARO QUE NO! Yo te llevaré y punto -era una excelente idea, no sabía donde vivía actualmente, ¿por qué no quería que él la llevara? ¿no toleraba su presencia? Miranda o fulmina con la mirada resopla una vez más  -Está bien, vámonos. -Nos vemos changuita -Nos vemos mañana para comer -se funden en un abrazo de despedida. ~•~•~•~•~ ~•~•~•~•~ -¿No vas a decir nada? -la ve por el rabillo del ojo como se remueve incómoda ante la pregunta. -¿Qué quieres que te diga? -contesta fría sin verlo. -Por dios Miranda tenemos mucho tiempo sin vernos ¿no te parece que nos debemos una explicación? -¿Explicación? -frunce el ceño -¿Sobre... que? -Me molesta que te pongas en ese plan Miranda -detiene el auto en el área de descanso -Mirame ¿No me extrañaste? -¿Qué quieres que te diga? -gira su cabeza para enfrentarlo -¡Oh! Alejandro te extrañe mi amor, besame -dice con voz teatral llevando su mano a su pecho en una escena dramática -Estas loco, superalo Alejandro. Lo que pasó entre tu y yo quedó en el pasado, fue algo de pubertos y tan tan -eso era lo que ella se decía a sí misma cada vez que recordaba sus encuentros carnales y después él la mandaba al cuerno. -¿No vas a conducir? ¿Voy en taxi? -lo ve con tal indiferencia que logra poner mal al hombre que está al volante. Sin encontrar las palabras adecuadas que le ayudarán en esta situación pone el carro en marcha. En un brutal silencio llegan a su destino -Llegamos, gracias por traerme -se desabrocha el cinturón y baja del auto. -¿No me vas a invitar a conocer tu casa? -le dice desde la ventanilla de su auto. -¿Por qué tendría que hacerlo? no me interesa lo más mínimo que la conozcas -dice tajantemente, gira en sus talones en camino a las escaleras del edificio, está nerviosa puede servir la mirada de alejandro encima de ella, debe ser fuerte por  su bien. -Señorita Miranda -el chico encargado de la recepción del edificio detiene su paso. Miranda gira quedando en frente de él -Dígame willie ¿en que le puedo ayudar? -sonríe amablemente al joven que en respuesta sus mejillas se tiñen de rojo, le cae bien es un chico tierno de unos 25 años de edad pelirrojo con pecas en su nariz y cuando se pone nervioso tartamudea. -De...de...de...deja... Dejaron es.. Es.. Eso -señala con su mano, en el vestíbulo hay montones de cajas con sus pertenencias faltantes de la mudanza -No puede ser posible ¿cuando las trajeron? -pregunta con frustración       ¿cómo va a subir todo eso ella sola? Wullie no puede dejar sola la recepción y las cosas no pueden quedarse ahí -¿Como las voy a subir? -Yo te puedo ayudar -Alejandro habla detrás de ellos con una sonrisa de superioridad. -No, claro que no yo puedo sola -cruza sus manos rechazando la idea de él y ella solos en la habitación, no esa en definitiva no es una buena idea. -Vamos nena, te ayudo a subirlo a tu piso, si no quieres que pase por que me tienes miedo no lo haré, pero si quieres puedo pasar y ayudarte con todo lo que tienes ahí. -se acerca más a ella, esperaba en verdad que entendiera la indirecta, porque estaba loco por volver a pasar sus manos por ese cuerpo que lo volvía loco. -No es miedo, lo que pasa es que no quiero que despiertes al dios griego que me espera desnudó en mi cama -quita una pelusa invisible de su blusa, mordiendo su mejilla internamente para no reír por la cara de sorpresa que tiene Alejandro.
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