-¿Esta es la última caja? -preguntó arrastrando una de esta a través del corredor
- No, faltan dos más -contesta mostrando sus dedos con la respiración agitada, gira en sus talones para salir del lugar. Maldita sea la hora en que el elevador se descompuso, ahora tiene que subir las cajas por las escaleras.
-¿Miranda, esta es la última? ¿Miranda? -al no verla en la puerta se adentra al departamento explorando su magnitud, la casa huele a pintura fresca, en algunos lugares todavía tiene plásticos pegada al piso. Una de las cinco cajas se encuentra abierta, en ella hay montones de libros, es obvio que estuviera tan nerviosa al subirlas, son su tesoro.
-¿Esa es la última ? -La chica aparece en el marco de la sala vestida con unos pantalones deportivos y blusa de la misma tela.
- Sí, es la última -aunque su vestimenta es desenfadada no la hace ver menos sexy.
- Ahora creo que merezco un tequila ¿no crees? -sube y baja las cejas graciosamente provocando una sonrisa en Miranda.
-Mi casa no es cantina -dice cruzando sus brazos de forma reprobatoria. -Si acaso te daré una botella de agua, y te vas -gira en sus talones entrando a la cocina. ¿cómo es posible que se comporte así?, ¿por qué lo trata con tal indiferencia? Esta es su oportunidad, tantos años añorando este momento y no piensa desaprovechar. Camina con dirección a la cocina buscando la figura de la chica.
La localiza inclinada hacia la nevera rebuscando dentro de ésta, con paso decidido se coloca detrás de ella pasando sus manos por su cintura pegándose más a ella.
- ¿Qué haces? -cuestionó sorprendida al sentirlo tan cerca de su cuerpo, no esperaba esto ¿por qué su cuerpo tiene que corresponder a cada caricia que él le proporciona? ¿por qué maldita sea tiene que vibrar en cada roce y sentirse bien?
- Solo quiero algo -dice en un murmullo cerca de su oído -Te quiero a ti -inhala su perfume remontándose al pasado cuando le regalo el perfume que actualmente le recibe como una invitación, le agrada imaginar que cada día que lo usa su mente la traiciona llevándola a él.
El perfume 212 de Carolina Herrera fue un regalo en su cumpleaños antes de irse a estudiar al extranjero. Huelen tan exquisito que se le antoja verla desnuda con solo esa fragancia en su piel.
Rueda los ojos respirando profundamente una vez más, disfrutando del deleite de su roce, como un adicto a su droga favorita.
Ella lo envuelve, lo desquicia, siempre necesitando más de su piel, más de ella.
Baja sus manos a su cadera pegándose más a él ¿Qué la hace tan especial? ¿qué me atrae de ti? La gira despacio quedando frente a frente, recorre su rostro con su mirada deteniéndose en sus labios " solo un beso" "solo quiero uno" para recordar lo dulce de su sabor ¿seguirán siendo igual de dulces ?
Con su mano recorre su rostro detallando todo en él para que así quede grabado en su mente.
Sus ojos hipnóticos se mantienen cerrados, sus labios entreabiertos en la espera de ser besados.
Satisfecho con la vista la toma de las mejillas acercándose a su boca primero en un beso delicado, casto, pasa su lengua por lo suave de su labio inferior, explorando en una especie de reconocimiento. Miranda abre su boca en un jadeo cosa que aprovecha Alejandro para adentrarse más, hunde por completo su lengua enredándose con la suya en una lucha erótica, apasionada, baja sus manos a su trasero al sentir como ella se cuelga de su cuello, con un apretón en él la anima a enredar sus piernas alrededor de su cadera, cosa que entiende a la perfección e inmediatamente.
Con la chica alrededor de él camina lentamente hasta llegar al mesón, la apoya liberando sus manos que viajan con rapidez a sus senos.
La ve tan hermosa, excitada y lista para él, siempre para él.
Con esa idea de pertenencia y con destreza se deshace de su ropa de la parte de arriba, dejando ver su piel desnuda.
Con su mano comienza a masajear uno de sus voluptuosos senos disfrutando de
las sensaciones que esto le produce.
- Te quiero sin ropa, quiero sentir la suavidad tu cuerpo -dice con voz ronca a causa de la excitación.
- ¿Si? -muerde su labio inferior curvando su espalda para brindarle total acceso a su cuerpo
- Yo ... Te .... Quiero ¡LEJOS DE MI CASA AHORA! -grita con rabia alejándose de él con toda su fuerza, provocando que este caiga de bruces al frío y duro piso.
Abrumado por el cambio repentino de la chica no profesa ni una sola palabra, tratando de organizar sus palabras y sentimientos arremolinados en su interior.
Miranda sale de la cocina con paso rápido terminando de cubrir su cuerpo.
Al ver como ella se alejaba una vez más de él, se levanta en un dos por tres corriendo detrás de ella ¿qué le pasaba? Ella deseaba esto igual que él, entonces ¿ por qué se comportaba de esa manera tan infantil e inmadura?
- ¡Miranda! ¿Qué te pasa? ¿por qué? ¿Por qué? -pasa sus manos por su cabello con frustración, esa mujer era tan desesperante.
- Eres un Idiota ¿Lo sabes? ¿Qué creíste? Voy a casa de Miranda y la llevó a la cama, pues no ¡Mírame! -se señala -Ya no soy la misma de antes, a la que pisoteaban, cambie todos cambiamos, y tú ya no eres lo que estoy buscando así que... Vete de mi casa.
- Pequeña, lo siento... Siento que te sientas así, pero es que .... No te creas tan importante, si estoy aquí es por que me gustas, no porque busque algo mas que tu piel ¿sabes qué? -toca su barbilla haciendo una pausa para dar la próxima estocada, estaba furioso ¡¿Quién demonios se creía ella para tratarlo así?! El era Alejandro un hombre sexy, atractivo con un buen trabajo " Un excelente prospecto" ella es la que debería agradecer por pasar tiempo por él - Yo creo que a pesar de tu apariencia de chica ruda, fría y calculadora, ahí adentro está la chica linda, tierna, divertida que rogaba con esas esmeraldas por un poco de amor.
¡DEL AMOR QUE SOLO YO TE PUEDO DAR Y CUANDO LO ENTIENDAS TAL VEZ YA SEA DEMASIADO TARDE! -grita antes de cruzar la puerta de la entrada estrellándose detrás de él con un gran golpe.
Camina en dirección a su auto ¿cómo llegaron las cosas a este punto? ¿Por qué todo era tan complicado? ¿ Por qué ella se lo hacía tan difícil?
Tan sencillo era que aceptara la atracción que hay entre ellos dos, que estaban destinados a compartir unas horas en sus sábanas.
Ella desgraciadamente no encajaba en su estereotipo de mujer y sin embargo ahí estaba él dándole una oportunidad, si tan solo cambiara un poco su apariencia, si hiciera una dieta bajara unos pocos centímetros de masa corporal, él le ayudaría pero no. El sonido de su celular interrumpió su diálogo interno
Mete su mano al bolsillo delantero del pantalón contestando al segundo timbre de este.
- Bebé, cariño ¿estás bien? Estaba preocupada, no me llamaste para avisar que llegaste con bien a casa de tu hermana ¿puedes creer que te acabas de ir y ya te extraño?