-¡Nos vamos! -grita desde las escaleras mientras consulta la hora una vez más ¿porque las mujeres tardan tanto en arreglarse? Al final quedan igual
¿Qué tanto hacen allá arriba? Él llegó a casa tarde y aún así estaba listo, en 15 minutos se baño y arreglo ¿por qué ellas no? Maldita la hora que prometió llevarlas a esa fiesta
- Si no bajan en 5 minutos tendrán que buscar a otro chofer -estaban locas si pensaban que las esperaría un minuto más o peor que entraría con ellas a esa "fiestecilla " masajea su frente con frustración.
Los ruidos de tacones bajando por los escalones hace que se ponga en pie como resorte del sofá con la plena intención de reclamar su tardanza cuando llega al pie de las escaleras su mandíbula cae, inconscientemente comienza a negar con su cabeza aún con la boca abierta.
- Tttttttt -chasquea la lengua con negativa, ante las miradas confundidas de las chicas
- Olvidenlo no las llevaré vestidas así -reprende inspeccionándolas minuciosamente.
- ¿Como así? Diana frunce el ceño con sorpresa, estaban bien vestidas para la ocasión. Ella con un vestido azul a la altura de la rodilla con corte tipo A y unas botas de piso, en cambio su amiga vestía un pantalón ajustado color blanco que resaltaba su grande y redondo trasero acompañado de una blusa roja con un escote en V que dejaba disfrutar de su buen armamento.
-¡Ay por dios! Y eso que no nos pusimos las minifaldas con transparencias y las blusas ombligueras, no jodas Alejandro, no nos vamos a cambiar de ropa, así estamos bien. Nos vemos sexis y si no quieres llevarnos no hay problema - Miranda se encoge de hombros mientras camina con paso despreocupado a la mesa de la sala donde descansa el teléfono de casa.
- ¿Qué haces? -preguntó molesto, esa mujer tenía la habilidad de sacarlo de sus casillas.
- Le hablaré a un amigo que con gusto vendrá por nosotras -se encoge de hombros y comienza a teclear los números.
Alejandro camina con pasos largos alcanzando el teléfono y logrando colgar antes de que le contestaran, le dedica una mirada llena de enfado
-No es necesario, yo las llevo -la observa con fastidio, siempre se sale con la suya.
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Da un sorbo largo a su cerveza, desde que llegaron no ha podido despegar los ojos de la chica con pantalones blancos.
Si, se quedó con ellas no iba a permitir que algún idiota se pasara de listo con ella y con su hermana claro, la que por cierto se perdió en cuanto llegaron.
Estaba molesto, el ver como esa mujer tambalea esas caderas de un lado a otro al compás del hip- hop y como tenía a varios chicos idiotizados con sus seductores movimientos esperando su turno para bailar con ella... lo estaba matando.
Se removió en su asiento incómodo ante tal situación, imaginaba llegar y moler a golpes al desgraciado que se acercara a ella .. Y a su hermana claro está.
Sin poderlo soportar más se levanta de su asiento con la mandíbula apretada y las manos hechas puño, siente su sangre arder por todo su cuerpo, en la pista improvisada de la casa está su hermana visiblemente afectada por los efectos del alcohol bailando con un chico y a su costado Miranda besando al tipo con el que segundos atrás bailaba muy acaloradamente, camina como poseído, toma por el codo a Miranda, con violencia la atrae a su pecho y esta suelta un gritó de sorpresa.
El tipo fue silenciado sin apenas decir una sola palabra pues un puño se estrelló en su cara haciéndolo caer como costal de papas al piso.
- ¡NOS VAMOS! -ordenó tomando a Diana con su mano libre y sacándola prácticamente a rastras de la casa.
Ninguna de las dos logra articular palabra alguna, no se atreven a enfrentarse al hombre al volante con cara de pocos amigos.
Llegan a su casa y las chicas rápidamente bajan del vehículo introduciéndose a la casa.
Estaba avergonzado ¿Qué lo llevó a comportarse así? Tras unos minutos de una intensa meditación baja del auto presionando el botón de su llavero para activar la alarma del automóvil.
Entra a su casa en silencio, cierra con llave la puerta de la entrada y se adentra a la cocina, abre su frigorífico y localiza la jarra con jugo de naranja.
Necesita algo dulce, el alcohol que ingirió le está pasando factura, su cabeza da vueltas, se sirve en un vaso el néctar de naranja y se sienta en la isla de la cocina apoyando su frente en lo fresco de la cubierta.
Da un brinco de sorpresa al sentir una caricia en su cabeza, se incorpora en su asiento. Hace una mueca al percatarse de quién se trata, la examina mejor tiene un pequeño short, una blusa holgada de tirantes de pijama y un chongo mal hecho en su cabeza que termina su look, baja la mirada a su vaso; no la quiere ver mas de la cuenta, su cuerpo tiene hambre de ella.
-¿No puedes dormir ? -dijo arrastrando las últimas palabras, se recargó en el mesón apoyando su mentón en sus manos, dando una perfecta vista de sus piernas desnudas. Esa mujer debería multarla por ser tan provocativa.
- No, estás ebria ve a dormir -le ordena con voz dura, le molestaba que ella se expusiera de tal manera, no puede imaginar qué hubiera pasado si él no hubiera estado... esa emoción desconocida vuelve con mayor intensidad ¿Por qué? La ve una vez más, hay algo especial en ella. Sus ojos brillan con intensidad.
Miranda le dedicó una mirada con intención; muerde su labio seductora, se pone en pie para caminar a su dirección, lentamente va acortando la distancia que lo separa, sonríe al tenerlo frente a ella, toca su mejilla suave, libre de barba lo ve directo a sus ojos, dios como había soñado con este momento, su corazón late a mil por hora.
Se acomoda en medio de sus piernas, inclinándose un poco se acerca a sus labios haciendo presión en ellos, cierra con fuerza sus ojos al no sentir respuesta de él, suelta su rostro, se endereza tiene que salir de ahí, gira sobre sus talones con dirección a la sala sin verlo a la cara,simplemente no puede verlo se daría cuenta de sus verdaderos sentimientos, del dolor de su rechazo.
Unas manos fuertes la envuelven por su cintura girándola quedando frente a él, se estudian en uno al otro, buscando la autorización silenciosa para proseguir.
Alejandro toma la iniciativa la acerca más a su cuerpo tomándola por la nunca la besó con vehemencia, con pasión, con deseo.
Miranda responde felizmente al beso exigente, da paso a su lengua caliente quien presiona para entrar, su respiración es agitada, son sensaciones un tanto desconocidas para ella.
Lleva sus manos a su cuello y así intensificar el beso; quiere más, necesita más su cuerpo, le pide, le exige algo que ella desconoce.
Alejandro leyendo su mente deshace el abrazo y con cortos besos baja la intensidad, no sabe lo que está haciendo, solo importa el momento.
Quiere ser él, el que la haga disfrutar, él que la haga gritar de placer. Quiere ser el único que deje huella en su piel. Sí. eso era lo que quería.
Le iba a demostrar a esta niña lo que es un hombre de verdad, no esos niñatos que conocía. Esa noche la haría suya en cuerpo, porque en alma ya lo era. Esa idea lo entusiasmaba, lo motivaba ¿cuánto tiempo había esperado?
- Vamos a mi cuarto -la tomó de la mano guiándola hacia la escalera.
Miranda está sorprendida constantemente se pregunta ¿Esto está pasando? Por fin está pasando, su primera vez sería con él chico del cual estaba completamente enamorada.
Estando de pie en la cama de Alejandro, duda en que movimiento hacer, esto es tan nuevo para ella, exhala una vez más, con la poca seguridad que le queda obedece a las señas que Alejandro le hace, se acerca hasta sentir el calor que su cuerpo proporciona, él está sentado al pie de la cama, sus ojos llenos de deseo recorren cada rincón de su cuerpo, provocando una extraña sensación.
La observa divertido ¿Qué pasa con ella? ¿Estará nerviosa? Porque algo era seguro ella no era virgen, sin embargo él se encargaría de dejar huella, que cada vez que pensara en él las sensaciones la invadieran, con un movimiento de sus manos le indica que se aproxime.
No soporta más el dolor en una zona especial de su cuerpo lo estaba matando, nota como Miranda se detiene por un momento, duda si salir corriendo y alejarse, si eso ocurre él lo aceptara. En cambio la chica se recupera pronto y camina con seguridad hacia él.
- La caperucita se entregó al lobo - le susurra con gozo al tenerla en sus brazos, pasa su lengua por sus labios disfrutando de la suavidad de su boca. Sus manos del mismo modo comienzan a recorrer su cuerpo, deteniéndose en sus curvas para luego con hambre de más buscar los finos tirantes de su blusa, sin tela que interfiera en su camino toca y disfruta a manos llenas de la calidez que estos le proporciona, de tal forma que Miranda necesita sostenerse de sus brazos para no caer, suspiros de satisfacción por parte de ella suenan como una melodía de fondo.
Alejandro marca un camino de besos bajando por su cuello, se detiene para observar a la chica, ella lo ve con mejillas acaloradas, los labios entreabiertos y su respiración agitada.
Termina de desnudarla, toma de las caderas haciéndola que ruede en sus talones hasta quedar a espaldas, la vista es perfecta, desde la curva de su espalda y como terminaba en su trasero, toma el lazo que está en su cabeza liberando su cabello, le encantaba su cabello suelto y el toque salvaje que le brindaba.
La sienta en sus piernas dejando libre acceso a toda su gloria