Todas las farmacéuticas disponibles en todo el mundo mortal trabajaron día y noche para producir millones de dosis de la cura de la llamada “octava plaga”. Apenas Sariel y Vlad le entregaron el valioso liquido a Merlín, este no se llevó el crédito de lo que supuestamente él, en su laboratorio casero, había logrado. Le dio todo el crédito a su joven novio, y la comunidad científica lo condecoró, y le prometieron que apenas todos estuvieran vacunados y se levantaran las restricciones, realizarían una ceremonia para darle el premio nobel de medicina. Incluso recibió una llamada de la mismísima reina de Inglaterra, prometiéndole que le regalaría una casa, la que quisiera, y que no se tendría que preocupar por pagarse un posgrado y un doctorado en medicina, que la corona se encargaría de todo.
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