Narrador. Acurrucada entre los brazos de Dimitri, Emma jugaba con su pecho y lo observaba debatiéndose entre preguntarle o no sobre la marca. Ahueco los cachetes y luego los inflo, creando infinidades de muecas infantiles que, aunque él no podía verlo, los percibía y lo hacían reír. —Vamos, mi vida haz esa pregunta— la animo porque notaba su inquietud, aunque no podía olfatear sus emociones. —Por qué no quieres que lleve tu marca como Lucia y Anabel llevan la de sus compañeros—, no podía quedarse callada le mortificaba saber por qué Dimitri no la marcaba. Él la giró quedando ambos de frente y la miró a los ojos, le agarró el mentón. —Muero por hacerlo, reclamarte como mi luna, y no sabe cuánto he tenido que luchar conmigo mismo para no hacerlo porque hasta que no les demostremos a los

