Narra Noa. Tener a Anabel aquí en la habitación de al lado o en cualquier parte de la casa me cuesta mucho, siento que muero al no poder hacerla mía, también debo luchar con Eros para mantenerlo tranquilo, pues nunca ha montado a ninguna hembra y ahora la nuestra me pide tiempo y debo comprenderla. Sin embargo, me estaba sintiendo muy sofocado, el calor azotaba mi cuerpo y por más duchas frías que tome, sigo igual o incluso peor. Caminaba de un lado a otro a medio vestir, no soporto tener algún tipo de ropa. —Noa, he preparado algo para cenar— me llama mi mate dando dos pequeños toques en la puerta. Cerré los ojos inhalando profundo, con el propósito de calmarme, pero era peor, puesto que cada vez que absorbía el aire su fragancia floral llega a mí como un resopló primaveral que me hac

