Narrador. A ella la excitación la recorrió provocando que una corriente eléctrica no dejara de hacerle sentir un cosquilleo en su espina dorsal. La voz, el cuerpo duro de su lobo y esos brazos fuertes la tenían acalorada. Con la garganta seca tragó saliva cuando la voz ronca de Dimitri volvió a causar los mismos estragos, pero más intensos. —Tu cuerpo es mío, soy dueño de tu placer, sabes que yo puedo encenderte solo con palabras, puedo hacer que tengas repetidos orgasmos sin ponerte un dedo encima—, Emma no pudo negar que él tenía razón, en ese lugar Dimitri tenía un poder único sobre ella, más que las veces que la perseguía intentando seducirla. Rozaba los labios con los de ella, pero sin tocarlos, dejando que el frío de la noche que se colaba entre ambos cuerpos acariciara el cuerpo

