Capítulo Doce. —¡Habla, Luna! —su antebrazo se apretó un poco más en mi cuello y sentí como cada vez era más difícil llevar un poco de aire a mis pulmones. Mis uñas se enterraban en sus hombros, tratando de hacer que se separara, pero él no daba ninguna señal de dolor. Sólo ira se podía entrever en su expresión. Ira y traición en su más estado puro. Él creía que yo lo había traicionado. —N-nadie —balbuceé precariamente. Mi voz era ronca debido a la falta de aire—. ¿Q-qué pasa? —Esto jodidamente pasa —prácticamente arrancó la pizarra plástica de la pared y su rostro se encontraba peligrosamente rojo debido a la ira—. ¿Por qué tienes esto, Luna? —Y-yo... Es investigación —expliqué, sintiendo que mi visión empezaba a emborronarse debido a las lágrimas. Este Zade me asustaba hasta la

