Al día siguiente, le marqué temprano para que esperará el auto que la llevaría de compras. — Buenos días, ¿esta lista? — Si, en un momento salgo. — Perfecto, ya mandé por usted, no se demoran en llegar ¿Le parece si la veo al medio día? ¿Cree haber terminado para esa hora con sus compras? — le pregunté, pensando que debíamos ir con tiempo para ir a comer con Franco. — Me parece bien, no sé cuánto tiempo tardaré haciendo compras, además es sábado debe haber gente ¿no? — No se preocupe por eso, mandé a cerrar las tiendas que pedí que visitara. En el coche que vaya por usted estará el contrato, revíselo y la veo al medio día. Colgamos y me sentí aliviado, cada vez estábamos más cerca de firmar nuestro contrato ficticio de noviazgo y con ello, ya no debería preocupar

