CUANDO YA TODO EL MUNDO empezó a llegar al límite máximo de la ebriedad, fueron a dormir. El que menos había tomado había sido Francisco, quien me llevó a una de las habitaciones de aquella casona en donde tomaría descanso. Él jamás propasó, ni quiso ir más allá de la situación. Solamente me dejó ahí, y él se retiró a la habitación en donde dormirían todos los muchachos. Agustina, y sus dos amigas, tenían una habitación en el ala extrema de aquella casa en donde dormiría con aquel señor y sus amigos. No pude dormir por un largo rato, temía ser raptada, violada o incluso asesinada por aquellos muchachos que parecían inocentes cuando los conocí. Costó conciliar el sueño, quizás por la ansiedad que me caracterizaba en los momentos de estrés. Así que llené aquel cuarto en donde estaba sola de

